miércoles, 6 de febrero de 2013

Angelitos


1

         Este relato comienza con una historia de amor, cuando Horacio y Nancy se conocieron; ambos tenían 19 años y eran estudiantes de primer año de medicina.
         Al poco tiempo de conocerse fueron muy buenos amigos, eran inseparables. Viviendo su amistad y casi sin darse cuenta, se enamoraron, pero ninguno se atrevía a confesar sus sentimientos hacia el otro, ambos temían no ser correspondidos y arruinar esa hermosa amistad.
         Él salía con otras mujeres; ella, las pocas veces que salía con otros hombres, trataba de que él no se enterara, a diferencia de Horacio, Nancy siempre tuvo esperanzas y creía morirse cada vez que lo veía con otra mujer.
         Tres años después de conocerse, en las vacaciones de verano, fueron juntos a la costa, alquilaron un departamento por un mes, de tres ambientes, con vista al mar.
         Un día, Horacio salió solo desde la mañana, argumentando que necesitaba pensar; eran las doce de la noche y no regresaba, Nancy estaba muy preocupada y desesperada, salió a buscarlo pero no logró dar con él, a las dos de la mañana regresó y Horacio estaba adentro, esperándola, sentado en un sillón.
         –Nancy, tengo que decirte algo– Le dijo en cuanto la vio.
         Ella comenzó a gritarle y a insultarlo, sumergida en un ataque de nervios; entre sus gritos logró escuchar un “te amo” que la dejó muda. No creo necesario entrar en detalles, dos años después contrajeron matrimonio.


2

         Fueron un feliz matrimonio, se llevaban tan bien como cuando eran amigos. Al año de casados Nancy dio a luz a dos gemelos hermosos, idénticos físicamente en todo, no había ni una pequeña diferencia entre ellos; los bautizaron como Matías y Tomás.
         Pero las diferencias entre los gemelos, comenzaron a notarse cuando salieron del hospital. La primera noche en casa, Maty no dejó dormir a sus padres, lloró toda la noche, mientras que Tomy durmió tan profundamente que ni siquiera escuchaba el llanto de su hermanito. La mayoría de las noches posteriores fueron similares a la primera.
         Maty y Tomy eran idénticos, es verdad, pero a la vez tan diferentes, demasiado diferentes para ser gemelos.
         Tomy era un bebé muy dulce y siguió siéndolo durante toda su vida, se llevó siempre muy bien con su mamá y con su papá, Maty también se llevaba bien con su mamá pero no tan bien con su papá, desde que era un bebé lloraba cada vez que él lo tomaba en brazos.
         Cuando cumplieron un año, Nancy les preparó una torta de cumpleaños con dos velitas celestes, una por cada uno. Horacio cortó la torta y por un momento, al mirar a Maty sintió algo malo en su mirada, se estremeció hasta en lo más profundo de su alma pero después comprendió que era imposible que un bebé tan chiquito sintiera odio por su propio padre y se olvido del asunto por el momento.


3

         Cuando los gemelos cumplieron cinco años sus padres ya eran los dos cirujanos y por esa razón algunas veces debían quedarse con su abuela, la madre de Horacio (la de Nancy había muerto dos años atrás en un accidente: se estrelló el avión, cuando iba a visitar a su hija y a los dos angelitos).
         Los gemelos ya estaban en preescolar, Maty se llevaba mal con todos sus compañeritos, siempre les pegaba y Tomy los defendía, le hacía frente a su hermano, como siempre lo había hecho. Pero Maty no trataba mal a Tomy, cuando estaban solos se llevaban muy bien, jugaban y se ponían de acuerdo en todo.
         Una noche Horacio y Nancy tuvieron una operación de urgencia y los gemelos durmieron en la casa de la abuela. Cuando dormían Maty tuvo una pesadilla y se despertó gritando pero la abuela acudió a él enseguida y lo consoló.
         –Cálmate Maty, ya está todo bien, la abuela está aquí para cuidarte.–
         –¡No!– Exclamó el niño haciendo berrinche. –¡Tú no eres mi abuela! ¡Suéltame! ¡No me toques!–
         La mujer frunció el ceño asustada y se alejó un poco del pequeño.
         –¿Qué estas diciendo Maty? ¿Estabas soñando algo feo? Sí, seguramente estabas teniendo una pesadilla y crees que no te has despertado pero ya pasó todo; mírame, soy yo, la abuela.–
         –¡No! ¡Te dije que no eres mi abuela! ¡Aléjate de mí si no quieres salir lastimada!–
         –¿Qué dices Maty? Yo soy la mamá de tu papá, por lo tanto soy tu abuela ¿Lastimarías a tu abuela?–
         –¡No! Tu hijo no es mi papá, mi papá siempre habla conmigo cuando estoy dormido y si no te alejas de mí, si no dejas de decirme esas mentiras, mi papá vendrá y te comerá.–
         –¿Quién te ha dicho esas cosas Maty?–
         –Mi papá.–
         –¿Crees que él está en tus sueños?–
         –¡No! ¡Mi papá es de verdad! ¡Ustedes me mienten porque no me quieren! ¡No puedo confiar en nadie!–
         La mujer quería seguir haciéndole preguntas; no podía ser que un niño tan pequeño tuviera esa clase de ideas, probablemente había visto parte de alguna película de horror cuando ella estaba ocupada lavando los platos o quizás algún compañerito del preescolar lo había asustado con esas estupideces, sin embargo, Maty no continuó hablando, mientras pronunciaba la última frase, lentamente fue quedándose dormido, como si algo o alguien lo arrastrase al mundo de los sueños.
         Al día siguiente Maty no recordó nada de la conversación con la abuela pero ella sí y se lo comentó a los padres; cuando ellos le preguntaron qué había sucedido él negaba que se hubiera despertado en la noche.
         –Pero le dijiste cosas muy feas a la abuela– Le dijo su mamá tratando de sonsacarle algo. –¿Realmente no recuerdas nada? Quizás pensaste que estabas hablando con otra persona, quizás aún estabas medio dormido.–
         –Yo no le dije cosas feas a la abuela, quizás era ella quien estaba medio dormida y pensó que hablaba conmigo cuando en realidad miraba televisión.– Dijo el niño sin darle demasiada importancia al asunto.
         –¿Has estado viendo películas de horror Maty?– Preguntó Horacio cuando notó que su esposa comenzaba a darse por vencida.
         –Noooo– Dijo el niño, parecía espantado por la idea. –Esas películas son feas, me dan miedo, prefiero los dibujos animados ¿Puedo ir a ver la tele?–
         –Está bien.– Dijo Horacio y se acercó a su hijo para obsequiarle un beso en la mejilla.
         Para su sorpresa el niño se hizo a un lado cuando notó lo que estaba a punto de hacer su padre.
         –¿Qué sucede?– Le preguntó frunciendo el ceño. –Quiero darte un beso, nada más.–
         –Vamos papá, ya soy grande para esas cosas– Dijo el niño sonriendo. –¿Puedo ir a ver la tele entonces?–
         Horacio asintió con la cabeza y cuando el niño se marchó miró a su esposa con expresión preocupada.
         –Ya hemos hablado de eso; sabes que es perfectamente normal, por lo del complejo de Edipo y todo eso.–
         –Sí, puede ser, a ti te trata bien, pero ¿Viste cómo me miraba? Desde que es un bebé me mira así, eso no es normal.–
         –Son ideas tuyas Horacio, ya verás que en pocos meses Maty será tan dulce y cariñoso contigo como lo es conmigo.–
         –Pero lo que le dijo a mi madre ¿no crees que debería ver a un psicólogo?–
         –Estaba teniendo una pesadilla simplemente, sólo que no lo recuerda.–
         –Podrías darme el gusto esta vez, que se entreviste con un psicólogo al menos una vez y que él decida si lo necesita.–
         –Está bien, tienes razón– Dijo ella cediendo. –Mañana mismo arreglaremos la entrevista.–
         –Me alegra que estemos de acuerdo querida.– Dijo él sonriendo.
         –Yo sólo quiero lo mejor para nuestros hijos y sé que tú quieres lo mismo ¿Por qué no habríamos de ponernos de acuerdo?–
         Maty comenzó a ir al psicólogo y luego de pocos meses comenzó a comportarse debidamente; todos creían que amaba a sus padres como cualquier niño normal y ellos se quedaron tranquilos.


4

         Un año después de la extraña conversación con la abuela, Maty comenzó a tener pesadillas nuevamente pero esta vez con más frecuencia que antes, las pesadillas se repetían todas las noches y al día siguiente no podía recordarlas, sin embargo, despertaba cada mañana con un profundo odio hacia su padre, que se incrementaba día a día; después de haber estado un año entero entre psicólogos el niño comprendió que la única forma de escapar de todo eso, era ocultar los sentimientos que sentía por ese señor que decía ser su padre y que él sabía que no lo era, sus sueños se lo repetían todas las noches.
         Durante una de esas pesadillas, comenzó a hablar dormido, y por primera vez en sus seis años de vida, logró despertar a Tomy, quien, medio dormido, intentó descifrar las frases sin sentido que recitaba su hermano; de repente Maty se levantó de la cama y caminó hacia la ventana mientras Tomy lo observaba, Maty miraba hacia el cielo, como si estuviera contemplándolo, entonces comenzó a hablar en un idioma desconocido para Tomy, en realidad no se parecía a ningún idioma de nuestro mundo, cualquier persona que lo hubiera escuchado en ese momento hubiera salido corriendo de la habitación, era un lenguaje que causaría terror a los oídos de cualquier criatura de la Tierra, pero Tomy no se asustó, le pareció un poquito raro nada más, y hasta le daban ganas de reírse y casi sin darse cuenta se le escapó una risita, en ese momento Maty se volteó y su hermano se sorprendió de lo que vio, Maty estaba llorando, se dejó caer al suelo, arrodillado y le dijo:
         –¿Qué me está pasando, Tomy? No entiendo nada de lo que me pasa y no quiero seguir así ¿No pudo elegir a otro? ¿Por qué yo, Tomy? ¿Por qué?–
         Tomy estaba tan sorprendido que no le salían las palabras y dejó pasar la única oportunidad que pudo tener de ayudar a su hermano, si es que alguna vez hubo una posibilidad de ayudarlo.
         Igual que las veces anteriores, Maty no recordó nada por la mañana y por unos años pudo vivir tranquilo, sin pesadillas, y comenzó a tomarle cariño a su padre.


5

         Unos años después, cuando los gemelos tenían diez años, la abuela estaba enferma y no podía quedarse cuidándolos, por lo que Horacio y Nancy no tuvieron más remedio que llevarlos con ellos al hospital donde trabajaban. Esa noche surgió una emergencia y ambos tuvieron que quedarse hasta tarde, por fortuna había varias habitaciones vacías y los gemelos se quedaron durmiendo en una de ellas.
         Esa noche Maty comenzó a tener pesadillas nuevamente, y nadie, ni siquiera él mismo, se percató del sonambulismo que volvió a surgir después de tanto tiempo de paz y tranquilidad, pero ya era tarde, no volverían a estar tranquilos nunca más.
         Al día siguiente, las enfermeras que trabajaban en el turno de la mañana, se encontraron con una desagradable sorpresa. Diez enfermos que estaban en terapia intensiva, conectados a maquinas para sobrevivir, fueron encontrados muertos; las maquinas que les permitían la vida habían sido apagadas. Fue un verdadero misterio, nadie sabía como había ocurrido ese trágico incidente, alguien tuvo que desconectarlas, las maquinas no se apagan solas. Lo que nadie imaginaba era que las pequeñas manos de un niño de diez años habían sido las causantes de ese desastre. La policía siguió investigando por un tiempo pero nunca se supo la verdad y para todos, Maty continuó siendo un chico normal.


6

         A lo largo de un tiempo siguieron surgiendo esos misteriosos desastres. No sólo en el hospital Maty seguía con su labor; en un principio, las mascotas de los vecinos desaparecían y como todo lo que él hacía, continuaba siendo un misterio durante largo tiempo; era muy precavido pero no lo suficiente, su hermano Tomy era consciente de sus actos, aunque no era testigo, lo sabía, sin embargo, la misteriosa y macabra mirada de su hermano le impedía hablar, no era que le temiera, nunca lo había hecho pero había algo en su interior que le impedía desafiarlo.


7

         Todo lo malo que había en Matías durante varios años permaneció en su inconsciente y salía a la luz únicamente en sus sueños, obligándolo a levantarse dormido y provocar los violentos crímenes de costumbre, eso le permitía ser un chico normal durante el día, le permitía desahogar su odio contra el mundo entero que crecía cada vez más y le permitía olvidarlo, por lo que tenía la consciencia tranquila, y por sobre todo, él (al igual que las demás personas) creía ser bueno. Pero entonces comenzó a despertar antes de tiempo con las manos llenas de sangre y al desviar la mirada hacia abajo, veía tendida en el suelo a la víctima del día. Al mismo tiempo que se hacían conscientes estos hechos, que anteriormente su cerebro escondía, disfrutaba cada vez más de la sangre derramada por sus propias manos. Algo había cambiado en él, y ahora él era consciente de esos cambios.
         Todo siguió siendo igual en su casa, debía disimular si no quería que nadie descubriera sus malignos planes pero para eso ya era tarde, Tomy era consciente de todo desde mucho antes que él mismo, sin embargo, afortunadamente Tomy también se dio cuenta que debía disimular los horribles pensamientos que le daban vuelta por la cabeza.


8

         Pasaron los años y Maty comenzó a darse cuenta de que su hermano sabía algo de su secreto; sabía que Tomy no hablaría pero eso sólo por el momento y no podía arriesgarse, por otro lado, no quería dañarlo, no a él, no si no era estrictamente necesario y prefirió esperar un tiempo más.
         A los trece años, a Tomy comenzó a gustarle una chica, su nombre era Micaela y vivía a dos cuadras de su casa, él siempre la veía cuando iba para el colegio; siempre que la madre necesitaba un mandado, él se ofrecía y aunque tuviera que ir para el lado contrario, siempre pasaba primero por la casa de Micaela; aunque ella estuviera dentro de la casa él se conformaba con saber que estaba a unos pocos metros de ella.
         Cuando empezaron las clases, los gemelos ya estaban en primer año del colegio secundario y Tomy conoció a quien en poco tiempo se convertiría en su mejor amigo, su nombre era Pablo y congeniaron enseguida; por supuesto que a su hermano no le agradaba nada la idea de que él tuviera un mejor amigo, estaban en el mismo curso los tres y sin embargo Tomy parecía haberse olvidado de Matías.
         Un día Tomy invitó a Pablo a su casa a la salida del colegio y en el camino él se detuvo en la casa de Micaela.
         –Espérame un minuto– Le dijo. –Tengo que avisar en mi casa.–
         Tomy se quedó muy sorprendido y no reaccionó por unos segundos.
         –¿Tienes hermanos?– Le preguntó en cuanto Pablo salió de su casa.
         –Sí, tengo una hermana, es una año mayor que yo y se llama Micaela.–
         A pesar de cuanto le gustaba esa chica, las conversaciones de hermanos lo ponían muy nervioso, obviamente temiendo que le preguntaran sobre el suyo y aunque intentó cambiar de tema para evitar esas preguntas, no logró conseguirlo.
         –Yo siempre creí que tener un hermano gemelo podría ser divertido– Dijo Pablo, justo antes de que él abriera la boca para hablar de otra cosa.      –Pero en tu caso, no creo que lo sea, tú no eres como él, desde el momento que lo vi me di cuenta, es algo extraño, perdóname que te lo diga.–
         –No, no te preocupes, es verdad que es algo extraño pero mucho más de lo que todos creen.–
         –¿Más? ¿En qué sentido?–
         –Lo siento pero no quiero de hablar de él, algún día quizás sepas de que hablo pero hasta entonces, por favor, no me preguntes por mi hermano, demasiado tengo que soportarlo en mi casa como para seguir recordándolo afuera.–
         Pablo se sorprendió de lo que escuchaba pero como Tomy le dijo, algún día sabría de qué le había hablado su amigo, sin embargo, entonces quizás sería demasiado tarde.
         Matías era realmente extraño, no tenía ningún amigo, parecía ser muy inteligente, tenía diez en todas las materias pero nunca estudiaba, era como si supiera las cosas, como si las adivinara y el hecho de no tener amigos se atribuía a su extraña conducta, no hacía nada para llevarse mal con sus compañeros pero era muy callado y solitario, cualquiera diría que introvertido, sin embargo, no estaba solo por ser tímido sino porque no le interesaba relacionarse con los demás, de hecho repelía a todos los que se le acercaban con sólo mirarlos, causaba temor con su mirada, no sólo en sus compañeros sino también en sus profesores y era la misma mirada que había estremecido a su padre tantas veces desde que sólo era un bebé. Nancy era la única persona que jamás se había percatado siquiera del odio que manaba de su hijo, el inigualable amor de madre la había cegado, amaba tanto a sus hijos que creía que eran los dos iguales, o al menos muy parecidos. Además, Maty en presencia de sus padres, se comportaba como Tomy y tanto Nancy como Horacio, se sentían muy orgullosos de sus dos hijos.



9


         Después de un tiempo, Pablo y Tomy fueron inseparables, casi todas las tardes después del colegio iban a la casa de Pablo (ya que Tomy no quería que su amigo se cruzara con su extraño hermano), lamentablemente para Tomy, por un tiempo (larguísimo para él) lo único que tenía con Micaela, era el saludo, casi diario, que ella le brindaba al llegar a la casa de su amigo.
         Pero una tarde Pablo había olvidado sus llaves y se vio obligado a tocar el timbre, atendió Micaela y saludo a ambos muchachos con un beso en la mejilla, Tomy se quedó congelado y Pablo, extrañadísimo por la reacción de su amigo, lo tomó del brazo y casi tuvo que arrastrarlo para que se moviera; fueron a la cocina a comer algo, cinco minutos después, entró Micaela, yendo directamente a la heladera, Pablo se levantó, diciendo que iba al baño, y abandonó la cocina en una milésima de segundo. Micaela abrió la heladera y se sirvió un vaso de agua, dio media vuelta, clavó la mirada en los nerviosos ojos de Tomy, le sonrió y comenzó una conversación.
         –¿Cómo has estado?– Le preguntó.
         Por unos segundos él se quedó mudo pero luego reaccionó.
         –Eh..., bien ¿Y tú?–
         –Estoy bien– Hizo silencio durante algunos segundos y luego continuó hablando. –Así que tienes un hermano gemelo..., me lo dijo Pablo.–
         –Sí.– Respondió él secamente.
         –¿Y son idénticos?–
         –Sí, somos idénticos. Y ¿Cómo te llevas con tu hermano?–
         –Bien, nos llevamos muy bien, sé que es raro en hermanos pero no nos peleamos casi nunca.–
         –No me extraña, los dos parecen tener muy buen carácter.–
         –¿Qué se siente tener un hermano gemelo, alguien que se vea igual a ti?– Dijo Micaela cambiando de tema.
         –No lo sé, es algo normal para mí ¿Sabes una cosa? Creo que tu hermano se está tardando mucho, voy a ver si se encuentra en su habitación, quizás está buscando algo allí.–
         –Sí, es posible.–
         –Nos veremos.– Dijo él y salió de la cocina inmediatamente.
         Su amigo estaba detrás de la puerta, espiándolos y antes de que Micaela se diera cuenta se dirigieron los dos a la habitación de Pablo. 
         –¿Por qué hiciste eso?– Le preguntó en cuanto llegaron.
         –¿Qué cosa?– Dijo Tomy fingiendo ignorancia.
         –¿Por qué le cortaste la conversación de esa forma?–
         –Es que no me gusta hablar de mi hermano, me pone nervioso.–
         –Te gusta mi hermana ¿No es cierto? Dime la verdad, sé que te gusta.–
         –No digas tonterías– Dijo él mirando hacia otra dirección. –¿Y por qué te fuiste? Nos estabas espiando, no deberías haberlo hecho; tardabas y comencé a preocuparme.–
         –Está bien, si no quieres contarme es tu problema es sólo que...–
         –¿Qué?–
         –Creí que éramos amigos y confiabas en mí ¿Crees que no guardaría un secreto?–
         –No es eso, claro que confío en ti, es que no me gusta, me cae bien pero nada más, es en serio.–
         –Está bien, no te molestaré más con ese tema, hablemos de otra cosa.–
         Desde ese día Pablo supo que tenía un cuñado asegurado, había visto la mirada de su hermana desde la primera vez que Tomy había entrado en su casa, además, ella nunca lo saludaba con un beso, salvo que fuera su cumpleaños o alguna fecha importante, nunca antes había hablado con ninguno de sus amigos y después que Tomy se había petrificado con el beso de Micaela, había decidido unirlos a toda costa.
         Esa tarde, cuando Tomy llegó a su casa, se encontró con su hermano parado junto a la puerta, esperándolo.
         –¡Hola hermanito!– Dijo Maty con ese tonito irónico que caracterizaba a la mayoría de los gestos nobles de su parte.
         Tomy le contestó con un “hola” cortante.
         –¿Por qué me tratas así hermanito? Yo te quiero y quiero estar bien contigo. A propósito ¿Cómo está Micaela?–
         Tomy sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo puesto que se suponía que su hermano no tenía ni idea de la existencia de la muchacha, mucho menos sabía que a él le interesaba.
         –¿Sabes una cosa, Tomy?– Continuó Maty. –Los buenos hermanos saben guardar secretos, como yo supongo que tú no hablarás, no necesito ni decírtelo; tú sabes que yo nunca te lastimaría y como no vas a abrir la boca, tampoco a tus amigos o a esa chica que tanto te gusta.–
         –¿Qué quieres decir?–
         –¿Crees que soy idiota? Así como yo sé cosas de ti, cosas que jamás me dijiste, tú sabes cosas sobre mí, por algo somos gemelos ¿No?–
         Lanzó una macabra carcajada y luego se marchó.
         Tomy se quedó totalmente asombrado por la amenaza de su hermano, sobre todo porque la noche anterior se había asomado a la ventana a las tres de la mañana y había visto a Maty enterrando en el fondo de su casa a una mujer rubia que al día siguiente había aparecido en los diarios; su automóvil había chocado contra un árbol a dos cuadras de su casa, la señora estaba desaparecida y jamás sería encontrada, entonces Tomy se había preguntado cuántos cadáveres habría enterrados en el fondo de su casa y esa noche había pensado por primera vez en su vida en decirle todo a sus padres, ya que por primera vez había sido testigo, pero cómo conocía Maty sus intensiones y por sobre todas las cosas, cómo sabía de la existencia de Micaela, eran verdaderos interrogantes para él. Lo que sí puedo asegurarles, es que después de la charla con su hermano esa tarde, no revelaría la existencia de esos cadáveres en el fondo de su casa jamás.


10

         Maty siempre quiso parecer normal, por lo menos con su familia (pensaba que la normalidad era la mascara perfecta para ocultar su verdadero rostro) pero sentía el rechazo de su hermano y no lo toleraba, varias veces había intentado ser amable con él y su amabilidad se limitaba a repetir que lo quería a su lado, que quería tener a su familia de su lado, que él hacía lo que hacía porque todo el mundo estaba en su contra y que tarde o temprano los eliminaría a todos, que unos pocos vivirían, dependía de él que todos sus seres queridos permanecieran en este mundo; Tomy siempre le respondía ignorándolo, tratando de no demostrar el temor que sentía, se repetía todo el tiempo que era un cobarde por no enfrentarse a él pero luego se decía que no había nada de malo en tener miedo de un hermano desquiciado que vivía jurando destruir al mundo entero y afirmaba tener el poder necesario para hacerlo; Maty lograba interpretar un pequeño grado de temor en la mirada de Tomy y eso lo tranquilizaba, todo el tiempo se decía que no quería que su propio hermano le temiera pero que era lo mejor para ambos, si el único testigo de sus actos nocturnos le temía lo suficiente como para no abrir la boca realmente sería mejor para ambos.
         Tomy no sabía que hacer; estar en su casa era una tortura para él, todo el tiempo pensaba en su hermano y a quién asesinaría esa noche, pensaba que debería intentar evitarlo y que era un cobarde por no hacerlo, pensaba que se volvería loco con tanta presión y que terminaría ayudándolo en su macabra labor, tenía pesadillas en donde veía a Matías acabar con varias vidas, luego de un rato se daba cuenta que en realidad era él el asesino y se despertaba horrorizado, quizás gritando, no estaba del todo seguro.
         Los únicos momentos felices eran fuera de su casa, con su amigo Pablo; es cierto que los gemelos acudían al mismo colegio y al mismo curso pero Tomy se distraía de todas maneras, se olvidaba de que su hermano andaba cerca, su mente le permitía olvidarlo porque sabía que no asesinaría a nadie en el colegio.
         En varias ocasiones Tomy había intentado hablar con sus padres de su hermano, no pensaba decir directamente lo de los cadáveres ni de sus salidas nocturnas pero tenía que hacer algo, alertarlos de alguna manera, quizás si Matías comenzaba a ir a un psicólogo como cuando era pequeño entonces cambiaría o al menos el profesional detectaría su problema mental y buscaría la manera de ayudarlo, por otro lado, si su locura no tenía remedio al menos lo encerrarían en alguna institución mental en donde no podría dañar a nadie nunca más; cuando estaba en su casa pensaba en esas posibilidades todo el tiempo (y otras tantas que descartaba al instante de aparecer en su cabeza) pero cuando se decidía a poner alguna de ellas en práctica Matías parecía adivinarlo, se aparecía frente a él y comenzaba a amenazarlo nuevamente.
         Él ya no quería ayudar a su hermano, ya era demasiado el daño que había causado, con el sólo hecho de pensar en todas las personas que había asesinado, todas las personas que no volvieron a sus casas, sus familias esperando por días, por años, con una pequeña gota de esperanza de que volverían a verlos algún día, sin saber que esa persona que esperaban, descansaba en el fondo de su propia casa, no en paz, pero descansaba. Todos esos pensamientos le daban vuelta por su cabeza, le revolvían el estómago y en la única solución que podía pensar, consistía en que alguien liberara al mundo de esa maligna persona, a quien ya ni siquiera podía llamar hermano. Si el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón, el que mata a un asesino ¿alguna vez podría ser perdonado? Aunque esta pregunta corría por su mente, ni siquiera si hallara la respuesta sería capaz de hacer algo al respecto con sus propias manos; por el momento se conformaba con saber que le deparaba el futuro a su macabro hermano, ya que en el único lugar donde podía terminar, era en el infierno.


11

         Un día, como tantos otros, Maty comenzó una conversación con su hermano.
         –Hola hermanito, todavía me debes una respuesta ¿De qué lado estás?–
         Tomy le contestó con una de sus acostumbradas miradas.
         –¡Contéstame cobarde! No me mires con esa cara de estúpido.–
         –¿Quién puede estar de tu lado, asesino?– Le respondió Tomy, harto de morderse la lengua para no causar problemas.
         –¿Quién puede estar de mi lado? Te voy a decir quien puede estar de mi lado– En ese momento Maty llamó a su madre, quien acudió al instante.         –¿Sabes lo que me acaba de decir Tomy? Que no hay lugar para los dos en esta casa, que haría que me odien y me manden a un internado, yo no sé lo que le está pasando ¿Por qué me odia tanto?–
         Luego de decir esto el malvado muchacho comenzó a llorar y eso le rompió el corazón a su madre.
         –Yo no sé que hice para merecer esto– Dijo Nancy. –Voy a hablar con tu padre y después hablaremos contigo– Reprendió a Tomy. –Deja de amenazar a tu hermano que es un santo, lo único que quiere es ser tu amigo.–
         –Pero mamá, yo no...–
         –No digas nada– Lo interrumpió Nancy. –No voy a creerte.–
         Tomy comprendió ese día que Maty lograría todo lo que se propusiera, ya ni siquiera podía contar con sus padres, era muy probable que Maty los convenciera de que había sido él el asesino, entonces comprendió que había sido un error enfrentarse a él y que aunque le disgustara, por el momento tenía que darle a su hermano todo lo que quisiera.


12

         Cuando los gemelos cumplieron nueve años, sus padres les habían regalado un cachorro de ovejero alemán, al cual Maty había llamado Dexter; ese cachorro, actualmente adulto y obediente solo a la voz de Matías, había sido su mejor (y único) amigo en los últimos cinco años, Tomy cada vez que los veía juntos, creía que esos eran los únicos momentos que veía a su verdadero hermano, el que realmente debió nacer, creía que los momentos junto a ese perro conformaban el único pedacito realmente “humano” de su alma. El pequeño trozo de su negro corazón que le permitía llegar a querer realmente a alguien, lo había reservado para Dexter, su único amigo en el mundo, y el único que realmente estaba de su lado.


13

         Todas las noches, aproximadamente a las once, toda la familia se iba a acostar, alrededor de las doce, todos los integrantes de la casa estaban durmiendo, incluyendo a Maty, quien como una hora después, se despertaba, se cambiaba de ropa y abría la ventana, la cual producía un leve sonido al abrirse y cerrarse que lograba despertar a Tomy, que fingía seguir durmiendo.
           Luego Maty salía por la ventana hacia el tejado y bajaba por las rejas de la ventana de la cocina que daban a ese cementerio sin lápidas que era el fondo de su casa, siempre dejaba la ventana abierta para poder volver a entrar. Como dos o tres horas después Maty regresaba, Tomy podría quedarse despierto hasta ese momento pero no quería, ya sabía lo que vería si permanecía despierto y no tenía deseos de volver a ver algo como eso. Maty volvía a entrar a la habitación por la ventana, después de haber enterrado a su víctima, y se dirigía hacia el baño (seguramente para lavarse la sangre de las manos y la ropa), el sonido del agua que Maty dejaba correr durante aproximadamente quince minutos despertaba nuevamente a Tomy, quien una noche, medio dormido, comenzó a pensar que su hermano dormía demasiado poco.
         Al día siguiente fue sábado, Tomy le dijo a sus padres que tenía ganas de ir al hospital con ellos, argumentando que no tenía nada que hacer y en la casa se aburría. En cuanto llegó comenzó a deambular por el lugar y espiando en la oficina de uno de los médicos vio como éste le entregaba un frasco de pastillas a un paciente.
         “Una por noche y dormirá como un bebé” Había dicho el hombre.
         Al escuchar esa frase, Tomy miró fijamente el frasco memorizando el nombre del medicamento, después, con la excusa de querer ir al baño, se dirigió hacia el cuarto donde se guardaban los medicamentos, habiendo tomado previamente las llaves de Nancy de su escritorio, sin que ella se diera cuenta; tomó un frasco idéntico al que médico le había dado al paciente y se lo guardó en el bolsillo.
         Cuando regresaron a casa, a la hora de la merienda, Tomy se ofreció para prepararla para los cuatro, preparó cafés con leche y tostadas con mermelada de duraznos, sacó las pastillas de su bolsillo y puso tres en la taza de Matías, esperando que se disolvieran totalmente antes de que su hermano lo bebiera y deseando con todas sus fuerzas que no presintiera nada de lo que él había tramado, y así fue; las pastillas se disolvieron y Maty bebió hasta la última gota, sin siquiera sospechar lo que sucedería.
         Esa noche Maty no se despertó, Tomy se alegró de haberle salvado la vida a una persona y pensó en intentarlo nuevamente al día siguiente.
         Al otro día, Maty se despertó más tarde que de costumbre, había dormido más de la cuenta, se había ido a la cama media hora después de la merienda, sin cenar y había despertado al día siguiente a las doce del mediodía (Tomy, aunque sabía que era suficiente una, había utilizado tres pastillas), Maty atribuía el haber dormido tanto, a dormir tan poco durante tanto tiempo y lamentó mucho haber fallado a su rutina nocturna, él sabía que esa negligencia traería consecuencias y así fue; cuando se despertó buscó a Dexter por toda la casa pero no logró encontrarlo, fue a decírselo a su madre, quien estaba conversando con Tomy.
         –No te preocupes Maty, Dexter ya va a aparecer.– Le contestó ella.
         Pero tanto él como Tomy, supieron en ese momento que no volverían a ver a ese perro nunca, ya que todas las noches debía haber una víctima y si Maty no cumplía con su “misión”, moriría alguien a quien Maty jamás haría daño (o por lo menos no por el momento), y ese alguien esta vez había sido un perro, el ser más querido para él, pero en el caso que Tomy volviera a dormir a su hermano con las pastillas ¿Quién sería la siguiente víctima? Los dos gemelos se plantearon el mismo problema, Tomy lamentó no volver a interferir con los planes de su hermano por el momento y Maty comenzó a irse a dormir más temprano.
         Todo continuó normal, si es que se podía llamar normal tanto a lo que hacía como en lo que en sí era Matías, si a los diez años había sido capaz de desconectar máquinas, arrebatándole las vidas a las personas que de éstas dependían y ahora faltando casi un mes para cumplir los catorce era el autor de un asesinato por noche desde hacía más de dos años. Entonces, yo me pregunto de qué sería capaz después, en unos años.


14

         Un día repentinamente las cosas cambiaron, fueron cambios minuciosos comparados con la aberración que era la existencia misma de Matías en el mundo. Los cambios comenzaron con un pensamiento de Tomy, él comprendió que debería olvidar tener cualquier contacto íntimo con cualquier persona, era demasiado riesgoso exponer a la gente a que su hermano en algun momento tomara represalias con ellos, esto incluía a su mejor amigo en el mundo, Pablo, y a su hermana, Micaela. Para esto habló con sus padres y pidió que lo cambiaran de colegio, terminó su amistad con Pablo en unos días, inventando cualquier excusa para causar peleas y lamentó lastimarlo pero no tenía otra alternativa, al pelearse con su amigo dejó de ver también a Micaela.
         Cuando Maty descubrió los planes de su hermano, una idea comenzó a formarse en su cerebro.
         Ese mismo día Nancy fue al colegio a pedir el cambio de su hijo Tomás, como concurrió al colegio después de clases, ni alumnos ni profesores llegaron a enterarse de esto, sólo lo sabía el director del colegio.
         Esa misma noche, antes del asesinato diario, Maty irrumpió en el instituto con la cautela que lo caracterizaba y cambió los registros, todo hacía parecer que el que se había cambiado de colegio era él y no su hermano; por lo tanto Matías fingiría ser Tomás, con esto conseguiría algún día destruir el único obstáculo en su meta; su hermano, tan sincero, tierno y confiable, que le resultaba insoportable. Por primera vez en su vida tenía miedo, miedo de ser descubierto, miedo de ser algún día desenmascarado por su hermano y como ya no podría tenerlo vigilado tan de cerca, sino podía controlar su vida en todo momento, se apropiaría de ésta, simplemente siendo él.
         Tomy, sin saberlo, había cometido uno de los peores errores de su vida, todavía no había comprendido lo difícil que sería librarse de su hermano y que no bastaría con un simple cambio de colegio.
         Lo primero que hizo Matías al día siguiente fue arreglar las cosas con Pablo, inventando mil excusas por “su” mal comportamiento. Los problemas comenzaron cuando llegaron las calificaciones, debió falsificarlas para que sus padres no descubrieran que le pertenecían a Tomy y no a él, sin embargo, eso no trajo aparejadas grandes dificultades para él.
         Su segundo paso fue comenzar a conquistar a Micaela, lo cual le resultó muy sencillo ya que parte del trabajo ya estaba hecho por su hermano. Para cuando cumplieron dieciséis años Matías ya salía con Micaela desde hacía seis meses, haciendo lo posible por fingir ser tan dulce como Tomy.
         Mientras tanto el autentico Tomy sólo podía pensar en cómo interferir en los planes de su hermano, todavía desconociendo lo que éste estaba tramando para él y lo que estaba haciendo desde hacía un año y medio para conseguirlo.
         El deseo de detener a Matías se convirtió en una obsesión, comenzó a tener pésimas calificaciones en el colegio y rechazaba cualquier oportunidad de hacer amistades.


15

         Casi milagrosamente, Tomy terminó el colegio secundario sin repetir ningún año; consiguió un trabajo y con la ayuda de sus padres logró, a los diecinueve años, alquilarse un modesto departamento y mudarse de su casa.
         Decidió reiniciar su vida y olvidarse de que tenía un hermano, comprendió que sería imposible enfrentarse a semejante maldad y que no tenía sentido arruinar su vida intentándolo.


16

         Matías aún salía con Micaela pero hacía un tiempo que se llevaba terriblemente mal con Pablo, dominaba totalmente a la muchacha y había logrado el distanciamiento de los hermanos.
         Un día Matías decidió confesarle quién realmente era a Micaela, fingiendo amor y sinceridad hacia ella, ese mismo día, a los veinte años de edad, le propuso matrimonio.

(CONTINUARÁ...)

domingo, 3 de febrero de 2013

La Cajita (Cuento)


Creo que mi meta era encontrar algo diferente, salirme un poco (más que un poco) de la rutina diaria que estaba apabullándome.
En realidad no tenía ninguna idea concreta, ni siquiera algo que se pareciera a eso; ahora que lo pienso..., me parece que buscaba algún cambio pero no un cambio perdurable, sólo algo que pasara y me dejara la experiencia, por más vana que fuera.
Entonces salí de mi casa, no fui al colegio ni acudí a la cita que tenía con mis amigos a la hora del almuerzo. Solamente caminé, observándolo todo muy diferente a como solía hacerlo; caminé sin saber hacia dónde iba; ni los puntos cardinales ni los nombres y numeraciones de las calles estaban en mi línea de observación. Ni siquiera sabía cuál era mi objetivo; ya lo dije antes, no quiero ser redundante, buscaba algo pero no sabía qué.
En ese momento, me crucé con un perro, no era de ninguna de esas razas conocidas, que supongo competirán por premios; era un perrito común; no me hubiera llamado la atención sino fuera porque llevaba una cajita de madera en su boca; eso me pareció simpático pero tampoco me hubiera sorprendido sino fuera porque se dirigió directamente a mí y soltó la cajita a mis pies; luego me miró, ladró, movió su cola, hasta pareció que sonreía, se volteó y se fue corriendo.
Sin pensarlo y totalmente ignorante de las consecuencias, sin ni siquiera planteármelas un segundo; me agaché y tomé la cajita.
Me sentí intrigada y con una necesidad imperiosa de conocer su contenido; el mundo a mi alrededor se oscureció, metafóricamente claro; con esto quiero decir que todo lo demás, mi mundo, en ese momento, tuvo mucha menos importancia que esa minúscula cajita.
Enseguida traté de abrirla pero eso no parecía ser posible; no tenía ninguna abertura a la vista.
Yo sabía que había algo en su interior así que me la llevé a mi casa.
Traté de quemar la madera con un encendedor, de cortarla con una sierra y hasta la estrellé contra el piso con todas mis fuerzas pero nada funcionaba. Nada. Probé otros métodos que harían demasiado largo mi relato si los describiera. Ninguno funcionó.
Esa noche soñé con la cajita, en el sueño la abría y en su interior había un papelito; tenía algo escrito pero no podía leerlo, no sé por qué.
Cuando me desperté al otro día, la cajita no estaba donde yo la había dejado; pensé en buscarla pero por algún motivo supe que no la encontraría, además ya no tenía demasiado sentido si el día que lograra abrirla me iba a encontrar con un papelito cuyo contenido no iba a poder leer.
Me sentía frustrada.
No obstante, ya había pasado, había tenido la experiencia nueva; eso era lo que yo había pedido, no había querido comprenderla. El error había sido mío.

FIN

sábado, 2 de febrero de 2013

Doce Campanadas (Cuento)


Caminaba por las calles, en medio de una oscuridad casi absoluta, sabía que debía llegar a la casa antes de la medianoche pero ¿a qué casa? ¿y por qué? No lo sabía, no sabía nada; sólo la imagen de un enorme reloj de péndulo con las agujas corriendo lo obligaban a apresurarse.
Todo era extraño para él, no reconocía nada y a la vez sabía que ya había caminado por esas calles antes, muchas veces, probablemente a diario; una sensación extraña, como si lo estuvieran observando, se sumó a sus temores anteriores pero no, nadie lo observaba, nunca nadie lo observaba; entonces lo supo, no era la primera vez que le sucedía algo así y nunca había llegado a tiempo; ni siquiera tenía reloj para fijarse la hora pero sabía que la medianoche se acercaba y sabía que si le preguntaba a alguna persona, ésta no le respondería porque la gente nunca le había respondido, de alguna manera comenzaba a recordar pero seguía sin saber hacia dónde debía dirigirse, sin embargo, si tan sólo encontrara la casa seguramente la reconocería y el reloj..., aún no sabía qué debía hacer con el reloj.
Entonces, comenzó a sentir que se acercaba, se apresuró aún más, sabía que iba en dirección correcta, por primera vez lo sabía y por primera vez se acercaba a la casa lo suficiente como para llegar a tiempo; comenzó a correr, no podía evitarlo, debía llegar, no soportaría seguir siempre con lo mismo y, entonces, en una esquina, comenzó a escuchar las campanadas de un reloj; corrió hacia el sonido y cuando vio la casa lo embargó una alegría que creía no haber experimentado nunca, fue hacia la entrada y colocó una mano en el picaporte de la puerta, entonces el reloj enmudeció, la última campanada se escuchó un segundo antes de que girará el picaporte y la puerta estaba cerrada, otra vez; la única llave eran las campanadas del reloj a medianoche y la había vuelto a perder, tan cerca había estado en esta ocasión.



FIN

viernes, 1 de febrero de 2013

La Estación Fantasma (cuento)





“Váyase pues. Existen otros
mundos aparte de estos.”
La Torre Oscura I
(Stephen King)




         La alarma del reloj despertador sonó a las siete de la mañana como siempre, Ariana lo desconectó y se apresuró a prepararse para salir de su casa; a las siete y cuarenta y cinco de la mañana estuvo en la parada de colectivos, debía tomar cualquiera que la llevara a Primera Junta, donde debía abordar el subte de la línea “A” para llegar a su destino; todas las mañanas subía a un tren repleto de gente y lo abandonaba en la estación “Pasco”, justo después de la estación “Plaza Miserere” y antes de llegar a “Pasco”, se encontraba lo que para ella era “La Estación Fantasma”: la estación “Alberti” en desuso y totalmente en ruinas; todas las mañanas pasaba por allí y miraba por la ventanilla para admirar “la estación fantasma”, había algo que le atraía de ésta y no podía evitar contemplarla siempre.
         Esa mañana subió a un vagón repleto de gente, como siempre, fue pasando por todas las estaciones y al llegar a “Plaza Miserere” Ariana se preparó para ver pasar “la estación fantasma” desde la ventanilla del subte pero cuando llegó a ésta, el tren repentinamente se detuvo, sólo la puerta frente a la que ella estaba se abrió y Ariana no sabía que hacer, miró a su alrededor y notó que la gente no parecía sorprenderse porque el subte se detuviera en esa estación en ruinas. Tenía dos opciones, podía quedarse a bordo del tren como si nada hubiera sucedido, tal como hacían las demás personas, o podía abandonar el transporte y responder a lo que la llamaba; algo la había llamado desde hacía más de un año cada vez que pasaba por esa estación en ruinas, tenía muchísimo miedo de quedarse sola allí pero la puerta permanecía abierta y el tren permanecía detenido, le llamaba la atención que la gente no comenzara a quejarse; sabía que podía elegir y eso era lo fundamental, en cuanto estuviera decidida, a irse o a quedarse, el subte continuaría su recorrido, con o sin ella; cómo lo sabía era algo que ignoraba pero el conocimiento estaba en su mente, debía elegir y debía elegir pronto.
         El llamado era cada vez más fuerte y se preguntó hasta qué punto estaba eligiendo cuando abandonó el vagón del subte para quedarse sola en “la estación fantasma”.
         Miró a su alrededor, todo estaba en ruinas.
         “Pertenezco a un mundo en ruinas.” Pensó. ¿Por qué había llegado esa frase a su mente? No lo comprendía y se sentía tan desorientada.
         Entonces escuchó el sonido de otro tren que se acercaba y cayó en la cuenta de que debía abordarlo porque esa sería su única oportunidad de salir de allí; cuando vio el transporte, comenzó a hacer señas para asegurase que se detuviera en esa estación pero siguió de largo; vio a las personas por las ventanillas del tren que parecía pasar por allí en cámara lenta, al parecer nadie la veía, excepto un joven, de aproximadamente su misma edad, que la observó con el ceño fruncido hasta que desapareció el vagón.
         Miró en todas direcciones, intentando encontrar una salida, por nada del mundo bajaría a las vías, eso ya lo tenía decidido; había dos caminos hacia donde podía dirigirse, uno estaba completamente obstaculizado por escombros y el otro se trataba de una escalera semiderrumbada, teóricamente esa escalera debería dar a la calle, sin embargo, no parecía dar con el exterior, además, esa boca de subte no existía; de todas maneras, cualquier lugar sería mejor que quedarse ahí parada lamentando el hecho de haber sido tan estúpida.
         Comenzó a caminar por sobre los escombros hasta llegar a la escalera, estaba todo tan oscuro que realmente era un milagro que no se tropezara; comenzó a subir por la escalera, sosteniéndose de la baranda para no caerse, hasta que llegó al extremo superior, no veía absolutamente nada, caminó a ciegas palpando la pared, por lo que parecía ser un pasillo, era realmente una locura estar allí pero algo la llamaba, indicándole el camino; después de caminar cerca de quince minutos sobre escombros, comenzó a vislumbrar luz a lo lejos, como si se tratara de la salida de una cueva.
         Se dirigió hacia allí lo más rápido que le fue posible, no sabía con qué iba a encontrarse pero algo le decía que no llegaría a ningún lugar conocido y que había sido realmente un error descender del tren en esa estación en ruinas, sin embargo, estaba respondiendo a la llamada, era imposible resistirse y de todas maneras ya estaba allí, no había marcha atrás.
         Cuando llegó al exterior de esa especie de pasillo se encontró con la claridad de un día soleado y no podía entender por qué no se había dado cuenta antes de salir, había visto la luz pero no parecía la luz del exterior, mientras caminaba hacia allí tenía toda la impresión de estar dirigiéndose a un lugar iluminado por luz eléctrica, sin embargo, al pisar el exterior, la luz del sol no la reconfortó en absoluto; miró a su alrededor y el corazón le dio un vuelco al ver que se encontraba rodeada de edificios en ruinas, el mundo como lo conocía no tenía ni la más remota comparación con lo que estaba viendo, la desolación era espantosa, todo estaba en ruinas, todo absolutamente destruido y las ruinas se extendían más allá de lo que podían ver sus ojos; sin poder salir de su asombro, la invadió la desesperación cuando dio media vuelta para regresar sobre sus pasos y vio que el lugar por donde había llegado había desaparecido.
         Se obligó a tranquilizarse, sin mucho éxito, y comenzó a caminar, no había lugar adonde ir pero algo continuaba llamándola y tenía que llegar a la fuente del llamado, era la única forma de descubrir, o al menos intentar descubrir, lo que estaba sucediendo.
         Caminó durante horas, no pudo precisar cuántas exactamente, ya que su reloj se había detenido quién sabe cuándo; el sol se puso, cayó la noche y repentinamente la llamada se detuvo; se encontraba en medio de una cantidad extraordinaria de edificios en ruinas, algunos, aún estaban en pie pero parecían a medio construir, como tanta cantidad de obras que se dejan abandonadas durante años hasta que alguien decide comprar el terreno y demoler el edificio.  
         Era de noche y no veía prácticamente nada; de alguna manera, la insistente llamada que sentía la reconfortaba, porque sólo podía significar que realmente había donde ir pero ahora la llamada la había abandonado y ella no sabía que hacer, hasta que vislumbró, no muy lejos de donde se encontraba, dos haces de luz que se acercaban hacia ella y parecían provenir de linternas; comenzó a caminar hacia allí hasta que las luces le molestaron la vista, entornó los ojos y colocó una mano sobre estos para intentar ver a las personas que se dirigían hacia ella, cuando se acercaron lo suficiente, Ariana distinguió que se trataba de un joven y una muchacha de aproximadamente su misma edad.
         –Hola– Dijo el joven, visiblemente nervioso. –Mi nombre es Ramiro y ella es Valeria.–
         –Hola– Contestó ella, frunciendo el ceño. –Yo soy Ariana ¿Podrían explicarme dónde estamos? Me siento realmente confundida.–   
         –Y no es para menos– Dijo Valeria. –Cuando nosotros llegamos nos sentíamos igual.–
         –Discúlpanos por favor– Dijo Ramiro. –Se supone que debemos explicarte todo para que tengas una idea básica al llegar y para que no te sientas tan confundida y desorientada, lo que sucede es que esta es la primera vez que nos envían a buscar a alguien nuevo, estamos algo nerviosos.–
         –Mejor comencemos a caminar mientras te contamos.– Dijo Valeria mientras examinaba su rostro detenidamente, lo que lograba incomodar a Ariana.
         –¿Adónde vamos?– Preguntó ella, sin poder esperar a que se lo dijeran cuando finalizaran con todos los preámbulos.
         –Donde están todos, por supuesto.– Contestó Valeria, como si fuera evidente.
         –¿Qué clase de respuesta es esa?– Comenzó a decir Ramiro, codeando a su compañera. –¿No te das cuenta que ella no entiende nada de lo que está sucediendo?–
         –Tienes razón, lo lamento Ariana.–
         –Sí ya lo sé, es la primera vez que los envían a buscar a alguien nuevo pero ¿quiénes son ustedes?–
         –Ya te lo dijimos, somos Valeria y Ramiro, venimos del mismo lugar del que tú vienes, o al menos de ahí vinieron todos antes que tú.–
         –¿Te refieres a la estación Alberti abandonada del subte de la línea A?–
         –No– Dijo Ramiro. –Todos venimos del mundo real, donde no todo está en ruinas como aquí, sin embargo, todos nacimos aquí y por eso vinimos.–
         –No entiendo.– Dijo Ariana, frunciendo el ceño.
         –Nadie sabe a ciencia cierta qué es este lugar, es inmenso y jamás nadie supo dónde quedaban sus límites; se han creado diversas teorías pero no se ha podido comprobar ninguna, lo cierto es que todos los que estamos aquí hemos formado una especie de sociedad y hacemos lo que podemos para vivir de la mejor manera posible, no es tan malo, tenemos todo lo que necesitamos, ya te acostumbrarás.–
         –¿Y si quiero regresar adonde pertenezco?–
         –Perteneces a aquí– Dijo Valeria. –Además, no podrás marcharte aunque quieras, hay una sola puerta hacia el mundo real y sólo está abierta para los niños recién nacidos, cuando cumplen un mes de vida la puerta se cierra y sólo los que nacieron aquí pueden regresar.–
         –Pero yo no he nacido en este lugar y sin embargo estoy aquí.–
         –Debiste nacer aquí, no hay otra explicación por la que hayas venido. Escuchaste la llamada ¿No es cierto? Todos nosotros escuchamos las llamadas, existen infinita cantidad de puertas para venir hacia aquí, puertas, que como ya te dijimos, se abren sólo para los que nacimos en este lugar, nadie más puede venir.–
         –Eso no es posible, mis padres viven en el lugar de donde yo vengo, es imposible que yo haya nacido aquí y que mis padres ahora estén allá, si según ustedes sólo los recién nacidos pueden abandonar este... mundo.–
         –Lamento mucho tener que ser yo quien te de esta noticia– Dijo Ramiro. –Pero quienes crees que son tus padres no lo son, ellos te adoptaron, como les sucedió a todos los de los nuestros que en el otro mundo tuvieron una familia.–
         Ariana se entristeció por la noticia.
         –¿No volveré a ver a nadie del lugar de donde vengo?– Preguntó.
         –Me temo que no– Contestó Valeria. –Salvo que alguno de ellos haya nacido aquí también.–
         –¿Mis padres biológicos están en este mundo? ¿Podré conocerlos?–
         –Quizás los conozcas– Comenzó a decir Ramiro. –Sin embargo, sólo hay una forma de que sepas quienes son, te hablaré de eso más adelante; el tiempo aquí transcurre de manera diferente que en el mundo real y cuando un bebé cruza el portal hacia allí no hay manera de saber cuándo llegará, en que año vivirá su vida normal; por ejemplo, yo nací en el año 1961 según mis documentos del mundo real, ella en el dos mil cuatro y hay algunos que vivieron en el otro mundo en épocas mucho anteriores o posteriores, tus padres podrían no existir aún o haber muerto hace cientos de años.–
         –Eso es terrible– Dijo Ariana, sin poder creer nada de lo que escuchaba. –Entonces ¿Ninguno de ustedes tiene familia aquí?–
         –En realidad sí, hay quienes tienen cierta semejanza genética entre ellos, lo que significa que están emparentados de alguna manera; todos los que nacemos aquí tenemos una marca de nacimiento que es común a todos los que tienen la misma sangre, tú quizás la tengas, así sabrías a qué familia perteneces.–
         –¿Puedo hacerte una pregunta?– Dijo Valeria, parecía ansiosa.
         –Sí, claro.– Contestó Ariana.
         –¿De casualidad tienes una pequeña marca circular  en el omoplato?–
         –Una igual a ésta.– Dijo Ramiro, sacándose el abrigo y bajándose la remera hasta la base superior del omoplato derecho.
         Valeria alumbró con la linterna para que Ariana pudiera ver la marca de nacimiento.
         –Yo tengo una igual– Dijo Valeria. –Ramiro y yo pertenecemos a la misma familia, veo rasgos conocidos en tu rostro, creo que podrías ser de los nuestros. Y bien ¿Tienes esa marca de nacimiento?–
         –Sí– Dijo ella. –Es exactamente igual.–
         –Me alegra oírte decir eso, la verdad es que nosotros somos bastante pocos en nuestra familia, yo era la única mujer hasta ahora, seguramente nos llevaremos bien.–
         –¿Cómo sabían que yo vendría?–
         –En realidad no sabíamos quién vendría, generalmente alguien nuevo viene al poco tiempo de que un bebé cruza la puerta hacia allí, un bebé debe cruzar para que alguien nuevo venga, sin embargo, no imaginamos que serías de nuestra familia, al menos no hasta que te vimos.–
         –Ya estamos a punto de llegar– Dijo Ramiro. –Será mejor que hables con Darthen, él es nuestro líder, es quien ha pasado aquí más tiempo, él sabrá explicarte todo mucho mejor que nosotros.–
         –Hemos llegado– Dijo Valeria en cuanto se detuvieron frente a una especie de cueva. –Ten cuidado porque hay una escalera.– Dijo, alumbrando hacia abajo.
         Los tres jóvenes comenzaron a descender hasta que llegaron a un descanso, había un pasillo a los costados y la escalera continuaba hacia abajo.
         –Tendremos que ir por aquí.– Dijo Ramiro, señalando a la derecha.
         Acto seguido, sacó una caja de fósforos de su bolsillo y encendió con él un farol que se encontraba en la pared, caminó unos pasos más y encendió otro, luego otro y luego otro.
         Continuaron avanzando los tres y de vez en cuando, al disminuir la luz, Ramiro encendía otro farol.
         Ariana miraba todo sorprendida; por donde ahora caminaban era tan diferente al exterior, ahí sí parecía haber rastro de seres humanos, excepto por la falta de luz eléctrica, todo parecía tan sofisticado como en “el mundo real”, como decían esos dos que ahora aparentaban ser sus parientes; todo parecía haber sido construido por manos humanas, no veía mucho ya que estaba acostumbrada a la luz eléctrica y los faroles no estaban tan cerca el uno del otro como para iluminar demasiado, sin embargo, podía notar que se trataba de paredes pintadas, de cemento.
         –¿Por qué aquí abajo es tan diferente de allí arriba?– Preguntó.
         –Porque es en el único lugar donde podemos construir algo que no se derrumbe al día siguiente– Dijo Ramiro. –La razón es desconocida para nosotros.–
         –¿Quieres decir que todo lo que está afuera en ruinas alguna vez fue construido por ustedes?–
         –No, en realidad creemos que de alguna manera, todo lo que se derrumba en el mundo real aparece en nuestro mundo.–
         –Pero de donde yo vengo hay montones de edificios en ruinas, no desaparecen para aparecer aquí.–
         –Es algo complicado– Dijo Valeria. –De alguna manera, digamos que cuando algo se derrumba en aquel mundo, se proyecta en el nuestro y pasa a ser parte de él; dicen que en el pasado han intentado construir allí en el exterior pero fue imposible, todo se derrumbaba, sólo fue posible construir bajo tierra, ignoramos el motivo, la superficie de este mundo está destinada a permanecer en ruinas y ya nos hemos resignado a eso.–
         –Es por aquí.– Dijo Ramiro cuando llegaron a una escalera que iba hacia abajo.
         Continuaron caminando por un pasillo con puertas a ambos lados.
         –Esta es la habitación de Darthen– Dijo Valeria. –Veremos si se encuentra aquí y si puede hablar contigo ahora.
         Acto seguido, golpeó y un hombre de unos cuarenta años los recibió.
         –Darthen, hemos regresado con alguien nuevo y parece que es de nuestra familia.– Dijo Ramiro, sonriendo.
         –Bien– Dijo el hombre, sonriendo al igual que él. –Han tardado más de lo debido pero lo han hecho bien. Dime ¿Cuál es tu nombre?–
         –Ariana.– Contestó ella.
         –Mi nombre es Darthen y me encargo de liderar a estas personas. Vamos, ya deben estar por servir la cena, imagino que tendrás hambre.–
         –Así es, no he comido en todo el día.– Contestó ella.
         Comenzaron a caminar los cuatro por esos túneles y escaleras, ahora sí iluminados con luz eléctrica.
         –Dime ¿Qué edad tienes?– Le preguntó Darthen.
         –Tengo veintitrés años.– Contestó ella.
         –Yo creí que eras menor– Dijo Valeria. –Generalmente contestan la llamada antes; cuando llegué yo tenía dieciocho años, ya hace dos años de eso.–
         –Es verdad– Dijo Darthen. –Generalmente contestan la llamada mucho antes, te has resistido durante mucho tiempo ¿No es cierto?–
         –Eso creo, por más de un año he sentido que algo me llamaba cada vez que pasaba por el lugar que me trajo aquí.–
         –Eres fuerte, sin embargo, dudo que hubieras podido resistirte mucho más, si no hubieras contestado la llamada, hubiera sido cada vez más intensa y la hubieras terminado contestando, simplemente porque no sabías qué te esperaba aquí, porque ciertamente es mejor aquel mundo que este, al menos nuestros bebés pueden cruzar la puerta, tienen el derecho de saber cómo es aquel mundo y vivir en él el tiempo que puedan.–
         –No me parece que sea así– Dijo ella, frunciendo el ceño. –Lo mejor para un niño es estar con sus padres, no importa donde sea; acabo de enterarme de que soy adoptada y mis verdaderos padres lograron que yo creyera que todo era perfecto en mi vida cuando en realidad esa ni siquiera era mi vida ¿De qué sirve que haya vivido durante veintitrés años en aquel mundo si ahora tuve que regresar a éste? ¿No les parece que hubiera sido mejor para cualquiera de nosotros vivir aquí, adaptarnos desde el principio? No creo que este lugar sea tan malo después de todo.
         –Eso quizás sea cierto pero no podemos hacer nada para cambiar las cosas, no sabemos cómo empezó todo esto ni cuál fue el primer bebé que cruzó hacia allí, pero un bebé tiene que cruzar la puerta para que alguien que nació aquí regrese, si eso no sucede, los que tendrían que regresar seguirían escuchando la llamada durante toda su vida y no podrían contestarla; no todos son como tú, no todos soportan más de un año antes de contestar la llamada, imagínate lo que sería soportarlo toda la vida; además, el tiempo aquí transcurre de manera diferente que en el mundo real, es posible que el mismo bebé que se marcha le abra la puerta a su misma persona del futuro; no queremos ni imaginar lo que sucedería si dejamos de enviar a los niños recién nacidos hacia allí.–
         –No sé que decir, todo esto es tan extraño, tengo la impresión de que estoy en un sueño y despertaré en cualquier momento, pero por otro lado, siento que finalmente estoy en casa, desde siempre me he sentido extraña allí, como si fuera diferente.–
         –Y lo eres– Dijo Darthen sonriendo. –Dime ¿Qué hacías en el otro mundo? Lo que sea que hicieras puede ser útil aquí, por supuesto que si no te agradaba tu tarea podrás desempeñar otra.–
         –Era estudiante de medicina, estaba en cuarto año de la carrera y me era imposible trabajar, además, afortunadamente no lo necesitaba.–
         –Estudiante de medicina ¿Y tienes algo de experiencia?–
         –Realizaba practicas hospitalarias una vez por semana, desde el tercer año.–
         –¿Y en que año estaban allí cuando te marchaste?–
         –El día que me marché era veinticuatro de abril del año mil novecientos noventa y nueve.–
         –La medicina estaba realmente avanzada en esa época, tenemos un doctor aquí pero se marchó del otro mundo en mil novecientos cincuenta y ocho, él podría enseñarte lo que tú no sabes y tú podrías asesorarlo en técnicas nuevas; realmente serías muy útil.–
         –Me alegra escucharlo, me encanta practicar la medicina.–
         –Bien, hemos llegado, aún no se ha servido la cena pero podrán presentarte a los miembros de tu familia.– Dijo Darthen, entristeciéndose de repente. –Ahora, si me permites, tengo cosas que hacer, puedes venir a verme cuando quieras por cualquier duda que tengas.–
         –Está bien, gracias.– Dijo Ariana y se quedó con Ramiro y Valeria.
–Ven– Dijo la muchacha. –Te presentaré al resto de los miembros de la familia, no somos muchos, varios se han ido en los últimos años y otros tantos han fallecido.–
–¿Se han ido? ¿Adónde?–
–No lo sabemos– Dijo Ramiro. –Todos los que viven aquí se marchan cuando cumplen cincuenta años, atraviesan una puerta, ignoramos hacia donde los lleva; por eso Darthen está tan preocupado, faltan dos años para su partida y aún no han regresado sus hijos del mundo real, alguno de ellos debería quedar en su cargo cuando él se marche.–
–¿Y cómo piensa reconocer a sus hijos? Hay muchos con la misma marca de nacimiento ¿No es cierto? De esa forma se sabe a qué familia pertenecen.–
–Es que cada uno tiene la marca de ambos padres, el problema es que quizás una de sus familias o quizás las dos, pueden haberse extinguido cuando llega aquí y cuando la familia se extingue aquí, la marca de nacimiento en los que aún están en el otro mundo desaparece.–
–¿Eso significa que si yo tuviera dos marcas de nacimiento correspondientes a dos familias de este mundo, podría saber quiénes son mis padres?–
–Exacto, es la única manera de saberlo, por eso te entregaremos una lista de las marcas de nacimiento de cada una de las familias para que veas si identificas alguna ¿No recuerdas haber tenido una marca que desapareció de repente?–
–No– Dijo ella, dudando. –¿Qué sucederá si los hijos de Darthen no regresan antes de que él se marche?–
–Nos quedaríamos sin líder, su familia nos ha guiado desde siempre y él es el único de los que quedan aquí, si se marcha y sus hijos no han regresado, o al menos alguien de su familia, sea quien fuere, entonces su familia se extinguirá, la marca de los líderes desaparecería.–
–¿Y la madre de sus hijos?–
–Ella pertenecía a nuestra familia, falleció hace años, poco después de que sus hijos cruzaran la puerta hacia el mundo real, él quedó destrozado según lo que nos han contado pero parece que ya lo ha superado; estoy segura que albergó la esperanza de que fueras su hija cuando le dijimos que pertenecías a nuestra familia pero al ver tu mano derecha se dio cuenta que no tenías su marca.–
Ariana frunció el ceño, lo de la marca en la mano derecha le parecía extrañamente familiar pero ella no tenía esa marca, lo más probable era que en el otro mundo hubiera conocido a alguien que la tuviera, probablemente a uno de los hijos de Darthen, pero no podía recordarlo.
Al día siguiente Ariana presenció la partida de un bebé de menos de un mes de vida.
–No deberían irse solos– Le dijo Darthen en cuanto la madre del niño lo dejó en el cuarto de la puerta. –Mis hijos eran mellizos, un niño y una niña, al menos partieron juntos, espero que hayan estado juntos durante toda su vida.–
Ella lo miró sin saber qué decir.
–Hoy llegará alguien nuevo ¿No es cierto?– Le dijo, cambiando de tema.
–Así es.–
–Quiero ser yo quien vaya a buscarlo.–
–Pero has llegado ayer, no estás lista para ir a recibir a alguien nuevo.–
–Es que yo siento que debo ir en su búsqueda, es como si esa persona me llamara, puedo ir con alguien que conozca la superficie y que me guíe.–
–¿Estás segura?– Preguntó Darthen, mirándola fijamente.
–Me temo que sí.– Dijo ella.
–Entonces iré contigo ¿Quién mejor para guiarte que yo?–
–¿Cuándo debemos partir?– Preguntó ella, entusiasmada.
–En unas horas, digamos que después del almuerzo.–
–Bien, ya he conocido al médico y puedo ayudarlo a identificar ciertos medicamentos que han sido encontrados en el exterior.–
–No pierdas tiempo entonces, ve a verlo, seguramente estaremos varias horas afuera y tendrá que prescindir de tus muy necesarios servicios.–
Ariana asintió con un movimiento de cabeza y se dirigió a ver al único médico que existía en aquel mundo; era un hombre de unos treinta años, experto en medicina clínica que había entrenado a varias personas para que desempeñaran la tarea de enfermeros y lo ayudaran con los casos simples que eran los más comunes y abundantes; el hombre había leído libros de medicina que habían sido encontrados en el exterior, provenientes de años más avanzados del que había llegado él pero le resultaba algo difícil instruirse por sí solo en la actualización de algunos de sus conocimientos, ahí estaba la principal tarea de Ariana, aunque no era la única, desde luego; en el momento en que habló con el médico éste la asumió como recibida a pesar de que ella le dijo que era estudiante en el otro mundo; todos llegaban muy jóvenes a ese mundo, Ariana era una de las que había contestado la llamada más tarde y por supuesto que era realmente imposible encontrar médicos de dieciocho años de edad, por lo que los conocimientos que ella tenía sobre medicina en aquel mundo la catalogaban como doctora, ciertamente no le costaría demasiado acostumbrarse.
Para la hora del almuerzo la mayoría de la gente ya se había enterado de que Darthen iría con la nueva doctora a buscar a la persona que llegaría ese día, todos se sorprendieron muchísimo ya que hacía años que Darthen no iba él mismo en la búsqueda de alguien ¿Acaso tenía cierta preferencia por esa chica?
Después de almorzar Darthen y Ariana salieron a la superficie.
–Iremos hacia el oeste– Dijo Darthen en cuanto estuvieron fuera. –Todos llegan en esa dirección; Valeria y Ramiro se desviaron un poco del camino, es por eso que te encontraron tan tarde.–
–¿Por qué siento que debo ir hacia la persona que llegará hoy? ¿Por qué algo me llama?–
–Sinceramente no lo sé y por eso quiero ir contigo, por eso y para guiarte; aquí las llamadas tienen muchísimo sentido, ellas nos traen aquí y nos llevan hacia otras personas que deben significar algo para nosotros.–
–Entonces hice bien en venir, a pesar de mi experiencia nula.–
–Eso creo– Dijo Darthen. –Dime ¿Ya sabes cuál es la otra familia a la que perteneces? ¿Has identificado alguna de las marcas de la lista?–
–No– Dijo ella. –La única marca de nacimiento que tengo y coincide con las descriptas en la lista que me han enseñado, es la de mi omoplato.–
–Es una lástima que no puedas saber quiénes son tus padres, yo tampoco lo supe cuando llegué porque sólo tenía una marca.–
–La marca de los líderes ¿No es cierto?–
–Así es y ahora soy el único que la tiene, en menos de dos años deberé marcharme y no sé que sucederá si esa marca desaparece.–
–Me han contado algo de eso y estoy segura de que debe existir alguien apto para liderarnos aunque esa persona no tenga la marca de los líderes.–
–Es posible pero todo tiene su razón de ser aquí y espero que no tengamos la oportunidad de probar si esa es una excepción.–
Continuaron caminando, siempre hacia el oeste y hablando de diversos temas, no había pasado ni una hora cuando Ariana se detuvo por un momento y luego comenzó a caminar a mayor velocidad.
–Acaba de cruzar la puerta– Dijo entusiasmada. –Ya está aquí, debo saber quién es, tenemos que apresurarnos.–
Darthen sintió que un escalofrío le recorrió todo el cuerpo al caer en la cuenta de que Ariana le recordaba muchísimo a su esposa, tenía rasgos muy similares en el rostro y una forma de ser muy parecida; caminó siempre a su lado, apresurándose tanto como lo hacía ella, intentando desterrar esas ideas de su mente, después de todo, la joven tenía la marca de su esposa y no era nada extraño que se parecieran, sin embargo, él ya se lo había dicho antes a Ariana, todo tenía su razón de ser en ese mundo y a pesar de toda la experiencia que tenía después de haber vivido allí durante treinta años, no se dio cuenta que había recibido una señal, algo de Ariana lo llamaba, algo muy similar a lo que a ella le llamaba de la persona nueva que estaban buscando.
A cada momento que pasaba Ariana apretaba más el paso y Darthen la acompañaba siempre a su lado, ni un paso más adelante ni uno más atrás; hasta que finalmente vieron que una figura humana se acercaba a ellos desde lejos.
El corazón de Ariana comenzó a latir a toda velocidad, era imperioso descubrir la identidad de la persona que caminaba hacia ellos; corrió hacia allí y se sorprendió en extremo al ver al joven que la había observado desde el vagón de subte cuando ella estaba en la estación fantasma.
–¿Quién eres?– Le preguntó.
–¿Tú fuiste quién decidió olvidar y ahora me preguntas quién soy?–
–No comprendo lo que dices ¿Qué te he hecho yo para que me trates de esa manera? Si ni siquiera te conozco.–
–Claro que me conoces pero decidiste olvidarme, decidiste olvidarte de todo ¿Por qué tuviste que llegar aquí antes que yo? Te juro que cuando te vi en aquella estación de subte no pude creerlo ¿Por qué la puerta se abrió para ti si tú rechazaste a este mundo?–
–¿Qué quieres decir?– Preguntó Darthen y se quedó petrificado al ver que el joven tenía la misma marca que él en la mano.
–Sé lo que estás pensando– Dijo el joven, sonriendo. –Tengo la marca de los líderes y no es la única, también tengo una marca en el omoplato igual a la que debe tener ella.–
–Entonces...–
–Sí, soy tu hijo y me siento realmente muy feliz de estar donde pertenezco, siento haberme comportado de esa manera, es que no puedo verla a ella aquí, ha decidido traicionarnos y no puedo perdonárselo.–
–¿De qué estás hablando?– Preguntó Ariana, frunciendo el ceño. –Yo ni siquiera te conozco.–
–¿No me conoces? Estoy seguro de que recordarás algo en cuanto te cuente de un sueño que tuve hace unos años, un sueño que tuvimos en común y fue lo que nos separó.–
–No te comprendo.–
–Tú debes tener una hermana– Dijo Darthen, para cambiar de tema. –¿Conoces a tu hermana? ¿Conoces a mi hija?–
–Por supuesto que la conozco pero nos ha traicionado, ha renunciado a ser mi hermana y ha renunciado a ser tu hija. Conozco tus preocupaciones padre, desde que tuve aquel sueño he estado en ambos mundos, aunque no como quisiera, sé que pertenezco a aquí pero sólo podía estar en mis sueños.–
–¿De qué estás hablando?– Preguntó Ariana algo asustada por la mirada de resentimiento con que la miraba ese joven que le resultaba tan familiar. –Dime de dónde te conozco.–
Él la ignoró y continuó dirigiéndose a Darthen.
–Tuve el sueño cuando tenía diecisiete años, en él conocí a mi hermana; un hombre extraño, sombrío de alguna manera, nos contó quiénes éramos y de dónde veníamos, nos dijo que este mundo estaba destinado a desaparecer, para eso teníamos que olvidar quiénes éramos, teníamos que olvidar voluntariamente todo lo que él nos había contado y entonces la marca de los líderes desaparecería en nosotros, podríamos tener una vida completamente normal en el mundo real y nunca recordaríamos nuestra traición, jamás tendríamos que regresar a ese mundo en ruinas en el que nacimos; mi hermana aceptó, seguramente tenía una gran vida y un maravilloso futuro que no quería abandonar; ese hombre nos tentó con permanecer en aquel mundo al que nos envían al poco tiempo de nacer y al cual no pertenecemos, ella se dejó engañar y yo me negué rotundamente, no quería permitirme despertar hasta que no aceptara sus condiciones, mi hermana ya había despertado, su marca en la mano y todos los recuerdos del sueño desaparecieron; yo estuve en coma durante varios meses, luchando contra él para despertar; me dijo que dejara de luchar, que sólo juntos, mi hermana y yo, podríamos haberlo vencido pero ella me había abandonado y él sólo me permitiría despertar si yo aceptaba olvidar, mi marca sería borrada y nuestro mundo desaparecería, porque cuando tú, padre, te marcharas, ya no quedaría nadie más con esa marca, yo era el último porque él había logrado engañar a todos los demás, a todos los que tenían la marca de los líderes, incluyendo a mi hermana; me dijo que de todas maneras él vencería porque no me permitiría despertar y no podría contestar la llamada, estaba a punto de desistir cuando me pregunté por qué continuaba insistiendo para que me rindiera si podría dejarme inconsciente por siempre y entonces, sólo cuando ya no tuve ninguna duda de que no pensaba traicionar a mi mundo, ya no pudo mantenerme dormido. Mi hermana y todos los otros, los pertenecientes a nuestra familia de la marca de los líderes, aceptaron olvidar para quedarse en aquel mundo pero ya ven, fueron engañados, escucharon la llamada de todas maneras y la respondieron justamente porque habían olvidado adonde se dirigirían, lo sé porque mi hermana está aquí ¿Recuerdas algo ahora Ariana?–
–No, pero entiendo lo que insinúas, yo no puedo ser tu hermana, yo no los traicionaría– Dijo y miró a Darthen. –Jamás antepondría un capricho mío a las necesidades de todo un mundo.–
–Lo hiciste y tienes que admitirlo Ariana.– Dijo el joven, elevando la voz.
–¿Cómo te llamas, hijo?– Preguntó Darthen, colocándose en medio de ambos.            –¿Cuál es el nombre que te dieron allí?–
–Gabriel.– Dijo él, calmándose.
–Bien, escúchenme los dos, yo no te juzgo Ariana, no importa lo que hayas hecho, sé que no lo recuerdas pero yo sentí algo especial en ti desde el primer momento en que te vi y me recordaste mucho a mi esposa, ahora sé que eres mi hija, espero que no te desilusione la noticia; lo único que me importa es que finalmente mis hijos están conmigo, alguno de ustedes será el próximo líder.–
–Yo no quiero ser líder y tampoco lo merezco– Dijo Ariana y un nudo se formó en su garganta. –Lamento si los traicioné, lamento si opté por olvidar, aunque no lo recuerde les creo; ahora estoy aquí de todas maneras, aunque haya decidido olvidarlos y realmente quiero ayudar, quiero ser feliz y hacer feliz a otros; tú eres mi padre y no me desilusiona descubrirlo, tú deberías sentirte desilusionado de mí por haber decidido olvidarte pero me perdonas aunque ni siquiera me conozcas.–
–Eres mi hija ¿Cómo podría no perdonarte? No fue tu culpa sino la de aquel que se introdujo en tus sueños y en los de tantos otros para destruir nuestro mundo; además, harás mucho bien aquí como doctora, quién sabe si hubieras decidido estudiar una carrera como esa si no hubieras olvidado que no podrías terminarla.–
–¿Eres doctora?– Preguntó Gabriel frunciendo el ceño.
–Aquí lo soy, allí aún era estudiante.–
–Vaya, al menos el mundo real te sirvió de algo.–
–Sé que pretender que me perdones es demasiado pedir, sin embargo, espero que algún día lo hagas.–
–Te perdono porque tú misma te has perdonado– Dijo Gabriel, mirando la mano de su hermana. –De lo contrario, no hubiera regresado la marca.–
Ariana miró su mano y sonrió, efectivamente, la marca había regresado pero la sonrisa se esfumó de su rostro cuando volvió a levantar la vista y vio que su hermano se estaba desvaneciendo, su cuerpo se veía cada vez más traslúcido.
–¿Qué pasa?– Preguntó el joven. –¿Por qué me miran con esas caras?–
–Estás desapareciendo.– Dijo Darthen, asustado.
Él se miró las manos y dirigió una mirada resignada a su padre y hermana.
–Debe ser otro sueño y yo que creí que esta vez realmente había despertado, parecía todo tan real.–
Entonces desapareció y Ariana miró a su padre con expresión interrogativa.
–Nunca debe haber despertado del coma– Dijo él con mirada triste. –No debe haber podido vencerlo.–
–Pero yo lo vi en el vagón del subte.– Dijo ella, confundida.
–Debe haber sido otro de sus sueños, quizás deba aceptar olvidar para poder despertar y yo que creí que los había recuperado a los dos, vamos, regresemos hija.–
–¿Pero no debe cruzar alguien la puerta?–
–La puerta ya fue cruzada, tu hermano vino aquí en su sueño.–
–No te preocupes– Dijo Ariana, colocando una mano en el hombro de su padre.      –Alguna vez descubrirá que su única salida es olvidar y ese olvido lo traerá a nosotros.–
–¿Y si se olvida de quién es y su marca se desvanece para siempre? ¿Si debo marcharme antes de que él llegue y jamás se entera de que fui su padre?–
–Él me ayudó a recordar– Dijo Ariana, con una sonrisa esperanzada posada en su rostro. –Yo me encargaré de ayudarlo a recordar a él y si ya no estás aquí cuando él venga, yo le hablaré de ti y te recordará de sus sueños, te lo prometo padre.–
Darthen sonrió.
–Sé que lo harás hija, sé que lo harás.–


FIN.