1
Este
relato comienza con una historia de amor, cuando Horacio y Nancy se conocieron;
ambos tenían 19 años y eran estudiantes de primer año de medicina.
Al poco tiempo de conocerse fueron muy
buenos amigos, eran inseparables. Viviendo su amistad y casi sin darse cuenta,
se enamoraron, pero ninguno se atrevía a confesar sus sentimientos hacia el
otro, ambos temían no ser correspondidos y arruinar esa hermosa amistad.
Él
salía con otras mujeres; ella, las pocas veces que salía con otros hombres,
trataba de que él no se enterara, a diferencia de Horacio, Nancy siempre tuvo
esperanzas y creía morirse cada vez que lo veía con otra mujer.
Tres
años después de conocerse, en las vacaciones de verano, fueron juntos a la
costa, alquilaron un departamento por un mes, de tres ambientes, con vista al
mar.
Un
día, Horacio salió solo desde la mañana, argumentando que necesitaba pensar;
eran las doce de la noche y no regresaba, Nancy estaba muy preocupada y
desesperada, salió a buscarlo pero no logró dar con él, a las dos de la mañana
regresó y Horacio estaba adentro, esperándola, sentado en un sillón.
–Nancy, tengo que decirte algo– Le dijo en cuanto la vio.
Ella
comenzó a gritarle y a insultarlo, sumergida en un ataque de nervios; entre sus
gritos logró escuchar un “te amo” que la dejó muda. No creo necesario entrar en
detalles, dos años después contrajeron matrimonio.
2
Fueron un feliz matrimonio, se
llevaban tan bien como cuando eran amigos. Al año de casados Nancy dio a luz a
dos gemelos hermosos, idénticos físicamente en todo, no había ni una pequeña
diferencia entre ellos; los bautizaron como Matías y Tomás.
Pero
las diferencias entre los gemelos, comenzaron a notarse cuando salieron del
hospital. La primera noche en casa, Maty no dejó dormir a sus padres, lloró
toda la noche, mientras que Tomy durmió tan profundamente que ni siquiera
escuchaba el llanto de su hermanito. La mayoría de las noches posteriores
fueron similares a la primera.
Maty
y Tomy eran idénticos, es verdad, pero a la vez tan diferentes, demasiado
diferentes para ser gemelos.
Tomy
era un bebé muy dulce y siguió siéndolo durante toda su vida, se llevó siempre
muy bien con su mamá y con su papá, Maty también se llevaba bien con su mamá
pero no tan bien con su papá, desde que era un bebé lloraba cada vez que él lo
tomaba en brazos.
Cuando cumplieron un año, Nancy les preparó una torta de cumpleaños con
dos velitas celestes, una por cada uno. Horacio cortó la torta y por un momento,
al mirar a Maty sintió algo malo en su mirada, se estremeció hasta en lo más
profundo de su alma pero después comprendió que era imposible que un bebé tan
chiquito sintiera odio por su propio padre y se olvido del asunto por el
momento.
3
Cuando los gemelos cumplieron cinco
años sus padres ya eran los dos cirujanos y por esa razón algunas veces debían
quedarse con su abuela, la madre de Horacio (la de Nancy había muerto dos años
atrás en un accidente: se estrelló el avión, cuando iba a visitar a su hija y a
los dos angelitos).
Los gemelos ya estaban en preescolar,
Maty se llevaba mal con todos sus compañeritos, siempre les pegaba y Tomy los
defendía, le hacía frente a su hermano, como siempre lo había hecho. Pero Maty
no trataba mal a Tomy, cuando estaban solos se llevaban muy bien, jugaban y se
ponían de acuerdo en todo.
Una noche Horacio y Nancy tuvieron una
operación de urgencia y los gemelos durmieron en la casa de la abuela. Cuando
dormían Maty tuvo una pesadilla y se despertó gritando pero la abuela acudió a
él enseguida y lo consoló.
–Cálmate Maty, ya está todo bien, la
abuela está aquí para cuidarte.–
–¡No!– Exclamó el niño haciendo
berrinche. –¡Tú no eres mi abuela! ¡Suéltame! ¡No me toques!–
La mujer frunció el ceño asustada y se
alejó un poco del pequeño.
–¿Qué estas diciendo Maty? ¿Estabas
soñando algo feo? Sí, seguramente estabas teniendo una pesadilla y crees que no
te has despertado pero ya pasó todo; mírame, soy yo, la abuela.–
–¡No! ¡Te dije que no eres mi abuela!
¡Aléjate de mí si no quieres salir lastimada!–
–¿Qué dices Maty? Yo soy la mamá de tu
papá, por lo tanto soy tu abuela ¿Lastimarías a tu abuela?–
–¡No! Tu hijo no es mi papá, mi papá
siempre habla conmigo cuando estoy dormido y si no te alejas de mí, si no dejas
de decirme esas mentiras, mi papá vendrá y te comerá.–
–¿Quién te ha dicho esas cosas Maty?–
–Mi papá.–
–¿Crees que él está en tus sueños?–
–¡No! ¡Mi papá es de verdad! ¡Ustedes
me mienten porque no me quieren! ¡No puedo confiar en nadie!–
La mujer quería seguir haciéndole
preguntas; no podía ser que un niño tan pequeño tuviera esa clase de ideas, probablemente
había visto parte de alguna película de horror cuando ella estaba ocupada
lavando los platos o quizás algún compañerito del preescolar lo había asustado
con esas estupideces, sin embargo, Maty no continuó hablando, mientras
pronunciaba la última frase, lentamente fue quedándose dormido, como si algo o
alguien lo arrastrase al mundo de los sueños.
Al día siguiente Maty no recordó nada
de la conversación con la abuela pero ella sí y se lo comentó a los padres;
cuando ellos le preguntaron qué había sucedido él negaba que se hubiera
despertado en la noche.
–Pero le dijiste cosas muy feas a la
abuela– Le dijo su mamá tratando de sonsacarle algo. –¿Realmente no recuerdas
nada? Quizás pensaste que estabas hablando con otra persona, quizás aún estabas
medio dormido.–
–Yo no le dije cosas feas a la abuela,
quizás era ella quien estaba medio dormida y pensó que hablaba conmigo cuando
en realidad miraba televisión.– Dijo el niño sin darle demasiada importancia al
asunto.
–¿Has estado viendo películas de horror Maty?–
Preguntó Horacio cuando notó que su esposa comenzaba a darse por vencida.
–Noooo– Dijo el niño, parecía
espantado por la idea. –Esas películas son feas, me dan miedo, prefiero los
dibujos animados ¿Puedo ir a ver la tele?–
–Está bien.– Dijo Horacio y se acercó
a su hijo para obsequiarle un beso en la mejilla.
Para su sorpresa el niño se hizo a un
lado cuando notó lo que estaba a punto de hacer su padre.
–¿Qué sucede?– Le preguntó frunciendo
el ceño. –Quiero darte un beso, nada más.–
–Vamos papá, ya soy grande para esas
cosas– Dijo el niño sonriendo. –¿Puedo ir a ver la tele entonces?–
Horacio asintió con la cabeza y cuando
el niño se marchó miró a su esposa con expresión preocupada.
–Ya hemos hablado de eso; sabes que es
perfectamente normal, por lo del complejo de Edipo y todo eso.–
–Sí, puede ser, a ti te trata bien,
pero ¿Viste cómo me miraba? Desde que es un bebé me mira así, eso no es normal.–
–Son ideas tuyas Horacio, ya verás que
en pocos meses Maty será tan dulce y cariñoso contigo como lo es conmigo.–
–Pero lo que le dijo a mi madre ¿no
crees que debería ver a un psicólogo?–
–Estaba teniendo una pesadilla simplemente,
sólo que no lo recuerda.–
–Podrías darme el gusto esta vez, que
se entreviste con un psicólogo al menos una vez y que él decida si lo
necesita.–
–Está bien, tienes razón– Dijo ella
cediendo. –Mañana mismo arreglaremos la entrevista.–
–Me alegra que estemos de acuerdo
querida.– Dijo él sonriendo.
–Yo sólo quiero lo mejor para nuestros
hijos y sé que tú quieres lo mismo ¿Por qué no habríamos de ponernos de
acuerdo?–
Maty comenzó a ir al psicólogo y luego
de pocos meses comenzó a comportarse debidamente; todos creían que amaba a sus
padres como cualquier niño normal y ellos se quedaron tranquilos.
4
Un año después de la extraña
conversación con la abuela, Maty comenzó a tener pesadillas nuevamente pero
esta vez con más frecuencia que antes, las pesadillas se repetían todas las
noches y al día siguiente no podía recordarlas, sin embargo, despertaba cada
mañana con un profundo odio hacia su padre, que se incrementaba día a día;
después de haber estado un año entero entre psicólogos el niño comprendió que
la única forma de escapar de todo eso, era ocultar los sentimientos que sentía
por ese señor que decía ser su padre y que él sabía que no lo era, sus sueños
se lo repetían todas las noches.
Durante una de esas pesadillas,
comenzó a hablar dormido, y por primera vez en sus seis años de vida, logró
despertar a Tomy, quien, medio dormido, intentó descifrar las frases sin
sentido que recitaba su hermano; de repente Maty se levantó de la cama y caminó
hacia la ventana mientras Tomy lo observaba, Maty miraba hacia el cielo, como
si estuviera contemplándolo, entonces comenzó a hablar en un idioma desconocido
para Tomy, en realidad no se parecía a ningún idioma de nuestro mundo,
cualquier persona que lo hubiera escuchado en ese momento hubiera salido
corriendo de la habitación, era un lenguaje que causaría terror a los oídos de
cualquier criatura de la Tierra ,
pero Tomy no se asustó, le pareció un poquito raro nada más, y hasta le daban
ganas de reírse y casi sin darse cuenta se le escapó una risita, en ese momento
Maty se volteó y su hermano se sorprendió de lo que vio, Maty estaba llorando,
se dejó caer al suelo, arrodillado y le dijo:
–¿Qué me está pasando, Tomy? No
entiendo nada de lo que me pasa y no quiero seguir así ¿No pudo elegir a otro?
¿Por qué yo, Tomy? ¿Por qué?–
Tomy estaba tan sorprendido que no le
salían las palabras y dejó pasar la única oportunidad que pudo tener de ayudar
a su hermano, si es que alguna vez hubo una posibilidad de ayudarlo.
Igual que las veces anteriores, Maty
no recordó nada por la mañana y por unos años pudo vivir tranquilo, sin
pesadillas, y comenzó a tomarle cariño a su padre.
5
Unos años después, cuando los gemelos
tenían diez años, la abuela estaba enferma y no podía quedarse cuidándolos, por
lo que Horacio y Nancy no tuvieron más remedio que llevarlos con ellos al
hospital donde trabajaban. Esa noche surgió una emergencia y ambos tuvieron que
quedarse hasta tarde, por fortuna había varias habitaciones vacías y los
gemelos se quedaron durmiendo en una de ellas.
Esa noche Maty comenzó a tener
pesadillas nuevamente, y nadie, ni siquiera él mismo, se percató del
sonambulismo que volvió a surgir después de tanto tiempo de paz y tranquilidad,
pero ya era tarde, no volverían a estar tranquilos nunca más.
Al día siguiente, las enfermeras que
trabajaban en el turno de la mañana, se encontraron con una desagradable
sorpresa. Diez enfermos que estaban en terapia intensiva, conectados a maquinas
para sobrevivir, fueron encontrados muertos; las maquinas que les permitían la
vida habían sido apagadas. Fue un verdadero misterio, nadie sabía como había
ocurrido ese trágico incidente, alguien tuvo que desconectarlas, las maquinas
no se apagan solas. Lo que nadie imaginaba era que las pequeñas manos de un
niño de diez años habían sido las causantes de ese desastre. La policía siguió
investigando por un tiempo pero nunca se supo la verdad y para todos, Maty continuó
siendo un chico normal.
6
A lo largo de un tiempo siguieron
surgiendo esos misteriosos desastres. No sólo en el hospital Maty seguía con su
labor; en un principio, las mascotas de los vecinos desaparecían y como todo lo
que él hacía, continuaba siendo un misterio durante largo tiempo; era muy
precavido pero no lo suficiente, su hermano Tomy era consciente de sus actos,
aunque no era testigo, lo sabía, sin embargo, la misteriosa y macabra mirada de
su hermano le impedía hablar, no era que le temiera, nunca lo había hecho pero
había algo en su interior que le impedía desafiarlo.
7
Todo lo malo que había en Matías
durante varios años permaneció en su inconsciente y salía a la luz únicamente
en sus sueños, obligándolo a levantarse dormido y provocar los violentos
crímenes de costumbre, eso le permitía ser un chico normal durante el día, le
permitía desahogar su odio contra el mundo entero que crecía cada vez más y le
permitía olvidarlo, por lo que tenía la consciencia tranquila, y por sobre
todo, él (al igual que las demás personas) creía ser bueno. Pero entonces
comenzó a despertar antes de tiempo con las manos llenas de sangre y al desviar
la mirada hacia abajo, veía tendida en el suelo a la víctima del día. Al mismo
tiempo que se hacían conscientes estos hechos, que anteriormente su cerebro
escondía, disfrutaba cada vez más de la sangre derramada por sus propias manos.
Algo había cambiado en él, y ahora él era consciente de esos cambios.
Todo siguió siendo igual en su casa,
debía disimular si no quería que nadie descubriera sus malignos planes pero
para eso ya era tarde, Tomy era consciente de todo desde mucho antes que él
mismo, sin embargo, afortunadamente Tomy también se dio cuenta que debía
disimular los horribles pensamientos que le daban vuelta por la cabeza.
8
Pasaron los años y Maty comenzó a
darse cuenta de que su hermano sabía algo de su secreto; sabía que Tomy no
hablaría pero eso sólo por el momento y no podía arriesgarse, por otro lado, no
quería dañarlo, no a él, no si no era estrictamente necesario y prefirió
esperar un tiempo más.
A los trece años, a Tomy comenzó a
gustarle una chica, su nombre era Micaela y vivía a dos cuadras de su casa, él
siempre la veía cuando iba para el colegio; siempre que la madre necesitaba un
mandado, él se ofrecía y aunque tuviera que ir para el lado contrario, siempre
pasaba primero por la casa de Micaela; aunque ella estuviera dentro de la casa
él se conformaba con saber que estaba a unos pocos metros de ella.
Cuando empezaron las clases, los
gemelos ya estaban en primer año del colegio secundario y Tomy conoció a quien
en poco tiempo se convertiría en su mejor amigo, su nombre era Pablo y
congeniaron enseguida; por supuesto que a su hermano no le agradaba nada la
idea de que él tuviera un mejor amigo, estaban en el mismo curso los tres y sin
embargo Tomy parecía haberse olvidado de Matías.
Un día Tomy invitó a Pablo a su casa a
la salida del colegio y en el camino él se detuvo en la casa de Micaela.
–Espérame un minuto– Le dijo. –Tengo
que avisar en mi casa.–
Tomy se quedó muy sorprendido y no
reaccionó por unos segundos.
–¿Tienes hermanos?– Le preguntó en
cuanto Pablo salió de su casa.
–Sí, tengo una hermana, es una año
mayor que yo y se llama Micaela.–
A pesar de cuanto le gustaba esa
chica, las conversaciones de hermanos lo ponían muy nervioso, obviamente
temiendo que le preguntaran sobre el suyo y aunque intentó cambiar de tema para
evitar esas preguntas, no logró conseguirlo.
–Yo siempre creí que tener un hermano
gemelo podría ser divertido– Dijo Pablo, justo antes de que él abriera la boca
para hablar de otra cosa. –Pero en
tu caso, no creo que lo sea, tú no eres como él, desde el momento que lo vi me
di cuenta, es algo extraño, perdóname que te lo diga.–
–No, no te preocupes, es verdad que es
algo extraño pero mucho más de lo que todos creen.–
–¿Más? ¿En qué sentido?–
–Lo siento pero no quiero de hablar de
él, algún día quizás sepas de que hablo pero hasta entonces, por favor, no me
preguntes por mi hermano, demasiado tengo que soportarlo en mi casa como para
seguir recordándolo afuera.–
Pablo se sorprendió de lo que
escuchaba pero como Tomy le dijo, algún día sabría de qué le había hablado su
amigo, sin embargo, entonces quizás sería demasiado tarde.
Matías era realmente extraño, no tenía
ningún amigo, parecía ser muy inteligente, tenía diez en todas las materias
pero nunca estudiaba, era como si supiera las cosas, como si las adivinara y el
hecho de no tener amigos se atribuía a su extraña conducta, no hacía nada para
llevarse mal con sus compañeros pero era muy callado y solitario, cualquiera
diría que introvertido, sin embargo, no estaba solo por ser tímido sino porque
no le interesaba relacionarse con los demás, de hecho repelía a todos los que
se le acercaban con sólo mirarlos, causaba temor con su mirada, no sólo en sus
compañeros sino también en sus profesores y era la misma mirada que había
estremecido a su padre tantas veces desde que sólo era un bebé. Nancy era la
única persona que jamás se había percatado siquiera del odio que manaba de su
hijo, el inigualable amor de madre la había cegado, amaba tanto a sus hijos que
creía que eran los dos iguales, o al menos muy parecidos. Además, Maty en
presencia de sus padres, se comportaba como Tomy y tanto Nancy como Horacio, se
sentían muy orgullosos de sus dos hijos.
9
Después de un tiempo, Pablo y Tomy
fueron inseparables, casi todas las tardes después del colegio iban a la casa
de Pablo (ya que Tomy no quería que su amigo se cruzara con su extraño
hermano), lamentablemente para Tomy, por un tiempo (larguísimo para él) lo
único que tenía con Micaela, era el saludo, casi diario, que ella le brindaba
al llegar a la casa de su amigo.
Pero una tarde Pablo había olvidado
sus llaves y se vio obligado a tocar el timbre, atendió Micaela y saludo a
ambos muchachos con un beso en la mejilla, Tomy se quedó congelado y Pablo,
extrañadísimo por la reacción de su amigo, lo tomó del brazo y casi tuvo que
arrastrarlo para que se moviera; fueron a la cocina a comer algo, cinco minutos
después, entró Micaela, yendo directamente a la heladera, Pablo se levantó,
diciendo que iba al baño, y abandonó la cocina en una milésima de segundo.
Micaela abrió la heladera y se sirvió un vaso de agua, dio media vuelta, clavó
la mirada en los nerviosos ojos de Tomy, le sonrió y comenzó una conversación.
–¿Cómo has estado?– Le preguntó.
Por unos segundos él se quedó mudo pero luego reaccionó.
–Eh..., bien ¿Y tú?–
–Estoy bien– Hizo silencio durante
algunos segundos y luego continuó hablando. –Así que tienes un hermano
gemelo..., me lo dijo Pablo.–
–Sí.– Respondió él secamente.
–¿Y son idénticos?–
–Sí, somos idénticos. Y ¿Cómo te
llevas con tu hermano?–
–Bien, nos llevamos muy bien, sé que
es raro en hermanos pero no nos peleamos casi nunca.–
–No me extraña, los dos parecen tener
muy buen carácter.–
–¿Qué se siente tener un hermano
gemelo, alguien que se vea igual a ti?– Dijo Micaela cambiando de tema.
–No lo sé, es algo normal para mí
¿Sabes una cosa? Creo que tu hermano se está tardando mucho, voy a ver si se
encuentra en su habitación, quizás está buscando algo allí.–
–Sí, es posible.–
–Nos veremos.– Dijo él y salió de la
cocina inmediatamente.
Su amigo estaba detrás de la puerta,
espiándolos y antes de que Micaela se diera cuenta se dirigieron los dos a la
habitación de Pablo.
–¿Por qué hiciste eso?– Le preguntó en
cuanto llegaron.
–¿Qué cosa?– Dijo Tomy fingiendo
ignorancia.
–¿Por qué le cortaste la conversación
de esa forma?–
–Es que no me gusta hablar de mi
hermano, me pone nervioso.–
–Te gusta mi hermana ¿No es cierto?
Dime la verdad, sé que te gusta.–
–No digas tonterías– Dijo él mirando
hacia otra dirección. –¿Y por qué te fuiste? Nos estabas espiando, no deberías
haberlo hecho; tardabas y comencé a preocuparme.–
–Está bien, si no quieres contarme es
tu problema es sólo que...–
–¿Qué?–
–Creí que éramos amigos y confiabas en
mí ¿Crees que no guardaría un secreto?–
–No es eso, claro que confío en ti, es
que no me gusta, me cae bien pero nada más, es en serio.–
–Está bien, no te molestaré más con
ese tema, hablemos de otra cosa.–
Desde ese día Pablo supo que tenía un
cuñado asegurado, había visto la mirada de su hermana desde la primera vez que
Tomy había entrado en su casa, además, ella nunca lo saludaba con un beso,
salvo que fuera su cumpleaños o alguna fecha importante, nunca antes había
hablado con ninguno de sus amigos y después que Tomy se había petrificado con el
beso de Micaela, había decidido unirlos a toda costa.
Esa tarde, cuando Tomy llegó a su
casa, se encontró con su hermano parado junto a la puerta, esperándolo.
–¡Hola hermanito!– Dijo Maty con ese
tonito irónico que caracterizaba a la mayoría de los gestos nobles de su parte.
Tomy le contestó con un “hola”
cortante.
–¿Por qué me tratas así hermanito? Yo
te quiero y quiero estar bien contigo. A propósito ¿Cómo está Micaela?–
Tomy sintió un escalofrío que le recorrió
todo el cuerpo puesto que se suponía que su hermano no tenía ni idea de la
existencia de la muchacha, mucho menos sabía que a él le interesaba.
–¿Sabes una cosa, Tomy?– Continuó
Maty. –Los buenos hermanos saben guardar secretos, como yo supongo que tú no
hablarás, no necesito ni decírtelo; tú sabes que yo nunca te lastimaría y como
no vas a abrir la boca, tampoco a tus amigos o a esa chica que tanto te gusta.–
–¿Qué quieres decir?–
–¿Crees que soy idiota? Así como yo sé
cosas de ti, cosas que jamás me dijiste, tú sabes cosas sobre mí, por algo
somos gemelos ¿No?–
Lanzó una macabra carcajada y luego se
marchó.
Tomy se quedó totalmente asombrado por
la amenaza de su hermano, sobre todo porque la noche anterior se había asomado
a la ventana a las tres de la mañana y había visto a Maty enterrando en el
fondo de su casa a una mujer rubia que al día siguiente había aparecido en los
diarios; su automóvil había chocado contra un árbol a dos cuadras de su casa,
la señora estaba desaparecida y jamás sería encontrada, entonces Tomy se había
preguntado cuántos cadáveres habría enterrados en el fondo de su casa y esa
noche había pensado por primera vez en su vida en decirle todo a sus padres, ya
que por primera vez había sido testigo, pero cómo conocía Maty sus intensiones
y por sobre todas las cosas, cómo sabía de la existencia de Micaela, eran
verdaderos interrogantes para él. Lo que sí puedo asegurarles, es que después
de la charla con su hermano esa tarde, no revelaría la existencia de esos
cadáveres en el fondo de su casa jamás.
10
Maty siempre quiso parecer normal, por
lo menos con su familia (pensaba que la normalidad era la mascara perfecta para
ocultar su verdadero rostro) pero sentía el rechazo de su hermano y no lo
toleraba, varias veces había intentado ser amable con él y su amabilidad se
limitaba a repetir que lo quería a su lado, que quería tener a su familia de su
lado, que él hacía lo que hacía porque todo el mundo estaba en su contra y que
tarde o temprano los eliminaría a todos, que unos pocos vivirían, dependía de
él que todos sus seres queridos permanecieran en este mundo; Tomy siempre le
respondía ignorándolo, tratando de no demostrar el temor que sentía, se repetía
todo el tiempo que era un cobarde por no enfrentarse a él pero luego se decía
que no había nada de malo en tener miedo de un hermano desquiciado que vivía
jurando destruir al mundo entero y afirmaba tener el poder necesario para
hacerlo; Maty lograba interpretar un pequeño grado de temor en la mirada de
Tomy y eso lo tranquilizaba, todo el tiempo se decía que no quería que su
propio hermano le temiera pero que era lo mejor para ambos, si el único testigo
de sus actos nocturnos le temía lo suficiente como para no abrir la boca
realmente sería mejor para ambos.
Tomy no sabía que hacer; estar en su
casa era una tortura para él, todo el tiempo pensaba en su hermano y a quién
asesinaría esa noche, pensaba que debería intentar evitarlo y que era un
cobarde por no hacerlo, pensaba que se volvería loco con tanta presión y que
terminaría ayudándolo en su macabra labor, tenía pesadillas en donde veía a
Matías acabar con varias vidas, luego de un rato se daba cuenta que en realidad
era él el asesino y se despertaba horrorizado, quizás gritando, no estaba del
todo seguro.
Los únicos momentos felices eran fuera
de su casa, con su amigo Pablo; es cierto que los gemelos acudían al mismo
colegio y al mismo curso pero Tomy se distraía de todas maneras, se olvidaba de
que su hermano andaba cerca, su mente le permitía olvidarlo porque sabía que no
asesinaría a nadie en el colegio.
En varias ocasiones Tomy había
intentado hablar con sus padres de su hermano, no pensaba decir directamente lo
de los cadáveres ni de sus salidas nocturnas pero tenía que hacer algo,
alertarlos de alguna manera, quizás si Matías comenzaba a ir a un psicólogo
como cuando era pequeño entonces cambiaría o al menos el profesional detectaría
su problema mental y buscaría la manera de ayudarlo, por otro lado, si su
locura no tenía remedio al menos lo encerrarían en alguna institución mental en
donde no podría dañar a nadie nunca más; cuando estaba en su casa pensaba en
esas posibilidades todo el tiempo (y otras tantas que descartaba al instante de
aparecer en su cabeza) pero cuando se decidía a poner alguna de ellas en
práctica Matías parecía adivinarlo, se aparecía frente a él y comenzaba a
amenazarlo nuevamente.
Él ya no quería ayudar a su hermano,
ya era demasiado el daño que había causado, con el sólo hecho de pensar en
todas las personas que había asesinado, todas las personas que no volvieron a
sus casas, sus familias esperando por días, por años, con una pequeña gota de
esperanza de que volverían a verlos algún día, sin saber que esa persona que
esperaban, descansaba en el fondo de su propia casa, no en paz, pero
descansaba. Todos esos pensamientos le daban vuelta por su cabeza, le revolvían
el estómago y en la única solución que podía pensar, consistía en que alguien
liberara al mundo de esa maligna persona, a quien ya ni siquiera podía llamar
hermano. Si el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón, el que mata a un
asesino ¿alguna vez podría ser perdonado? Aunque esta pregunta corría por su
mente, ni siquiera si hallara la respuesta sería capaz de hacer algo al
respecto con sus propias manos; por el momento se conformaba con saber que le
deparaba el futuro a su macabro hermano, ya que en el único lugar donde podía
terminar, era en el infierno.
11
Un día, como tantos otros, Maty
comenzó una conversación con su hermano.
–Hola hermanito, todavía me debes una
respuesta ¿De qué lado estás?–
Tomy le contestó con una de sus
acostumbradas miradas.
–¡Contéstame cobarde! No me mires con
esa cara de estúpido.–
–¿Quién puede estar de tu lado,
asesino?– Le respondió Tomy, harto de morderse la lengua para no causar
problemas.
–¿Quién puede estar de mi lado? Te voy
a decir quien puede estar de mi lado– En ese momento Maty llamó a su madre,
quien acudió al instante. –¿Sabes
lo que me acaba de decir Tomy? Que no hay lugar para los dos en esta casa, que
haría que me odien y me manden a un internado, yo no sé lo que le está pasando
¿Por qué me odia tanto?–
Luego de decir esto el malvado
muchacho comenzó a llorar y eso le rompió el corazón a su madre.
–Yo no sé que hice para merecer esto–
Dijo Nancy. –Voy a hablar con tu padre y después hablaremos contigo– Reprendió
a Tomy. –Deja de amenazar a tu hermano que es un santo, lo único que quiere es
ser tu amigo.–
–Pero mamá, yo no...–
–No digas nada– Lo interrumpió Nancy.
–No voy a creerte.–
Tomy comprendió ese día que Maty
lograría todo lo que se propusiera, ya ni siquiera podía contar con sus padres,
era muy probable que Maty los convenciera de que había sido él el asesino,
entonces comprendió que había sido un error enfrentarse a él y que aunque le
disgustara, por el momento tenía que darle a su hermano todo lo que quisiera.
12
Cuando los gemelos cumplieron nueve
años, sus padres les habían regalado un cachorro de ovejero alemán, al cual
Maty había llamado Dexter; ese cachorro, actualmente adulto y obediente solo a
la voz de Matías, había sido su mejor (y único) amigo en los últimos cinco
años, Tomy cada vez que los veía juntos, creía que esos eran los únicos
momentos que veía a su verdadero hermano, el que realmente debió nacer, creía
que los momentos junto a ese perro conformaban el único pedacito realmente
“humano” de su alma. El pequeño trozo de su negro corazón que le permitía
llegar a querer realmente a alguien, lo había reservado para Dexter, su único
amigo en el mundo, y el único que realmente estaba de su lado.
13
Todas las noches, aproximadamente a
las once, toda la familia se iba a acostar, alrededor de las doce, todos los
integrantes de la casa estaban durmiendo, incluyendo a Maty, quien como una
hora después, se despertaba, se cambiaba de ropa y abría la ventana, la cual
producía un leve sonido al abrirse y cerrarse que lograba despertar a Tomy, que
fingía seguir durmiendo.
Luego Maty salía por la ventana
hacia el tejado y bajaba por las rejas de la ventana de la cocina que daban a
ese cementerio sin lápidas que era el fondo de su casa, siempre dejaba la
ventana abierta para poder volver a entrar. Como dos o tres horas después Maty
regresaba, Tomy podría quedarse despierto hasta ese momento pero no quería, ya
sabía lo que vería si permanecía despierto y no tenía deseos de volver a ver
algo como eso. Maty volvía a entrar a la habitación por la ventana, después de
haber enterrado a su víctima, y se dirigía hacia el baño (seguramente para
lavarse la sangre de las manos y la ropa), el sonido del agua que Maty dejaba
correr durante aproximadamente quince minutos despertaba nuevamente a Tomy,
quien una noche, medio dormido, comenzó a pensar que su hermano dormía
demasiado poco.
Al día siguiente fue sábado, Tomy le
dijo a sus padres que tenía ganas de ir al hospital con ellos, argumentando que
no tenía nada que hacer y en la casa se aburría. En cuanto llegó comenzó a
deambular por el lugar y espiando en la oficina de uno de los médicos vio como
éste le entregaba un frasco de pastillas a un paciente.
“Una por noche y dormirá como un bebé”
Había dicho el hombre.
Al escuchar esa frase, Tomy miró
fijamente el frasco memorizando el nombre del medicamento, después, con la
excusa de querer ir al baño, se dirigió hacia el cuarto donde se guardaban los
medicamentos, habiendo tomado previamente las llaves de Nancy de su escritorio,
sin que ella se diera cuenta; tomó un frasco idéntico al que médico le había
dado al paciente y se lo guardó en el bolsillo.
Cuando regresaron a casa, a la hora de
la merienda, Tomy se ofreció para prepararla para los cuatro, preparó cafés con
leche y tostadas con mermelada de duraznos, sacó las pastillas de su bolsillo y
puso tres en la taza de Matías, esperando que se disolvieran totalmente antes
de que su hermano lo bebiera y deseando con todas sus fuerzas que no
presintiera nada de lo que él había tramado, y así fue; las pastillas se
disolvieron y Maty bebió hasta la última gota, sin siquiera sospechar lo que
sucedería.
Esa noche Maty no se despertó, Tomy se
alegró de haberle salvado la vida a una persona y pensó en intentarlo
nuevamente al día siguiente.
Al otro día, Maty se despertó más
tarde que de costumbre, había dormido más de la cuenta, se había ido a la cama
media hora después de la merienda, sin cenar y había despertado al día
siguiente a las doce del mediodía (Tomy, aunque sabía que era suficiente una,
había utilizado tres pastillas), Maty atribuía el haber dormido tanto, a dormir
tan poco durante tanto tiempo y lamentó mucho haber fallado a su rutina
nocturna, él sabía que esa negligencia traería consecuencias y así fue; cuando
se despertó buscó a Dexter por toda la casa pero no logró encontrarlo, fue a
decírselo a su madre, quien estaba conversando con Tomy.
–No te preocupes Maty, Dexter ya va a
aparecer.– Le contestó ella.
Pero tanto él como Tomy, supieron en
ese momento que no volverían a ver a ese perro nunca, ya que todas las noches
debía haber una víctima y si Maty no cumplía con su “misión”, moriría alguien a
quien Maty jamás haría daño (o por lo menos no por el momento), y ese alguien
esta vez había sido un perro, el ser más querido para él, pero en el caso que
Tomy volviera a dormir a su hermano con las pastillas ¿Quién sería la siguiente
víctima? Los dos gemelos se plantearon el mismo problema, Tomy lamentó no
volver a interferir con los planes de su hermano por el momento y Maty comenzó
a irse a dormir más temprano.
Todo continuó normal, si es que se
podía llamar normal tanto a lo que hacía como en lo que en sí era Matías, si a
los diez años había sido capaz de desconectar máquinas, arrebatándole las vidas
a las personas que de éstas dependían y ahora faltando casi un mes para cumplir
los catorce era el autor de un asesinato por noche desde hacía más de dos años.
Entonces, yo me pregunto de qué sería capaz después, en unos años.
14
Un día repentinamente las cosas cambiaron,
fueron cambios minuciosos comparados con la aberración que era la existencia
misma de Matías en el mundo. Los cambios comenzaron con un pensamiento de Tomy,
él comprendió que debería olvidar tener cualquier contacto íntimo con cualquier
persona, era demasiado riesgoso exponer a la gente a que su hermano en algun
momento tomara represalias con ellos, esto incluía a su mejor amigo en el
mundo, Pablo, y a su hermana, Micaela. Para esto habló con sus padres y pidió que
lo cambiaran de colegio, terminó su amistad con Pablo en unos días, inventando
cualquier excusa para causar peleas y lamentó lastimarlo pero no tenía otra
alternativa, al pelearse con su amigo dejó de ver también a Micaela.
Cuando Maty descubrió los planes de su
hermano, una idea comenzó a formarse en su cerebro.
Ese mismo día Nancy fue al colegio a
pedir el cambio de su hijo Tomás, como concurrió al colegio después de clases,
ni alumnos ni profesores llegaron a enterarse de esto, sólo lo sabía el
director del colegio.
Esa misma noche, antes del asesinato diario,
Maty irrumpió en el instituto con la cautela que lo caracterizaba y cambió los
registros, todo hacía parecer que el que se había cambiado de colegio era él y
no su hermano; por lo tanto Matías fingiría ser Tomás, con esto conseguiría
algún día destruir el único obstáculo en su meta; su hermano, tan sincero,
tierno y confiable, que le resultaba insoportable. Por primera vez en su vida
tenía miedo, miedo de ser descubierto, miedo de ser algún día desenmascarado
por su hermano y como ya no podría tenerlo vigilado tan de cerca, sino podía
controlar su vida en todo momento, se apropiaría de ésta, simplemente siendo
él.
Tomy, sin saberlo, había cometido uno
de los peores errores de su vida, todavía no había comprendido lo difícil que
sería librarse de su hermano y que no bastaría con un simple cambio de colegio.
Lo primero que hizo Matías al día
siguiente fue arreglar las cosas con Pablo, inventando mil excusas por “su” mal
comportamiento. Los problemas comenzaron cuando llegaron las calificaciones,
debió falsificarlas para que sus padres no descubrieran que le pertenecían a
Tomy y no a él, sin embargo, eso no trajo aparejadas grandes dificultades para
él.
Su segundo paso fue comenzar a conquistar a
Micaela, lo cual le resultó muy sencillo ya que parte del trabajo ya estaba
hecho por su hermano. Para cuando cumplieron dieciséis años Matías ya salía con
Micaela desde hacía seis meses, haciendo lo posible por fingir ser tan dulce
como Tomy.
Mientras tanto el autentico Tomy sólo
podía pensar en cómo interferir en los planes de su hermano, todavía
desconociendo lo que éste estaba tramando para él y lo que estaba haciendo
desde hacía un año y medio para conseguirlo.
El deseo de detener a Matías se
convirtió en una obsesión, comenzó a tener pésimas calificaciones en el colegio
y rechazaba cualquier oportunidad de hacer amistades.
15
Casi milagrosamente, Tomy terminó el
colegio secundario sin repetir ningún año; consiguió un trabajo y con la ayuda
de sus padres logró, a los diecinueve años, alquilarse un modesto departamento
y mudarse de su casa.
Decidió reiniciar su vida y olvidarse
de que tenía un hermano, comprendió que sería imposible enfrentarse a semejante
maldad y que no tenía sentido arruinar su vida intentándolo.
16
Matías aún salía con Micaela pero
hacía un tiempo que se llevaba terriblemente mal con Pablo, dominaba totalmente
a la muchacha y había logrado el distanciamiento de los hermanos.
Un día Matías decidió confesarle quién
realmente era a Micaela, fingiendo amor y sinceridad hacia ella, ese mismo día,
a los veinte años de edad, le propuso matrimonio.
(CONTINUARÁ...)
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