viernes, 1 de febrero de 2013

La Estación Fantasma (cuento)





“Váyase pues. Existen otros
mundos aparte de estos.”
La Torre Oscura I
(Stephen King)




         La alarma del reloj despertador sonó a las siete de la mañana como siempre, Ariana lo desconectó y se apresuró a prepararse para salir de su casa; a las siete y cuarenta y cinco de la mañana estuvo en la parada de colectivos, debía tomar cualquiera que la llevara a Primera Junta, donde debía abordar el subte de la línea “A” para llegar a su destino; todas las mañanas subía a un tren repleto de gente y lo abandonaba en la estación “Pasco”, justo después de la estación “Plaza Miserere” y antes de llegar a “Pasco”, se encontraba lo que para ella era “La Estación Fantasma”: la estación “Alberti” en desuso y totalmente en ruinas; todas las mañanas pasaba por allí y miraba por la ventanilla para admirar “la estación fantasma”, había algo que le atraía de ésta y no podía evitar contemplarla siempre.
         Esa mañana subió a un vagón repleto de gente, como siempre, fue pasando por todas las estaciones y al llegar a “Plaza Miserere” Ariana se preparó para ver pasar “la estación fantasma” desde la ventanilla del subte pero cuando llegó a ésta, el tren repentinamente se detuvo, sólo la puerta frente a la que ella estaba se abrió y Ariana no sabía que hacer, miró a su alrededor y notó que la gente no parecía sorprenderse porque el subte se detuviera en esa estación en ruinas. Tenía dos opciones, podía quedarse a bordo del tren como si nada hubiera sucedido, tal como hacían las demás personas, o podía abandonar el transporte y responder a lo que la llamaba; algo la había llamado desde hacía más de un año cada vez que pasaba por esa estación en ruinas, tenía muchísimo miedo de quedarse sola allí pero la puerta permanecía abierta y el tren permanecía detenido, le llamaba la atención que la gente no comenzara a quejarse; sabía que podía elegir y eso era lo fundamental, en cuanto estuviera decidida, a irse o a quedarse, el subte continuaría su recorrido, con o sin ella; cómo lo sabía era algo que ignoraba pero el conocimiento estaba en su mente, debía elegir y debía elegir pronto.
         El llamado era cada vez más fuerte y se preguntó hasta qué punto estaba eligiendo cuando abandonó el vagón del subte para quedarse sola en “la estación fantasma”.
         Miró a su alrededor, todo estaba en ruinas.
         “Pertenezco a un mundo en ruinas.” Pensó. ¿Por qué había llegado esa frase a su mente? No lo comprendía y se sentía tan desorientada.
         Entonces escuchó el sonido de otro tren que se acercaba y cayó en la cuenta de que debía abordarlo porque esa sería su única oportunidad de salir de allí; cuando vio el transporte, comenzó a hacer señas para asegurase que se detuviera en esa estación pero siguió de largo; vio a las personas por las ventanillas del tren que parecía pasar por allí en cámara lenta, al parecer nadie la veía, excepto un joven, de aproximadamente su misma edad, que la observó con el ceño fruncido hasta que desapareció el vagón.
         Miró en todas direcciones, intentando encontrar una salida, por nada del mundo bajaría a las vías, eso ya lo tenía decidido; había dos caminos hacia donde podía dirigirse, uno estaba completamente obstaculizado por escombros y el otro se trataba de una escalera semiderrumbada, teóricamente esa escalera debería dar a la calle, sin embargo, no parecía dar con el exterior, además, esa boca de subte no existía; de todas maneras, cualquier lugar sería mejor que quedarse ahí parada lamentando el hecho de haber sido tan estúpida.
         Comenzó a caminar por sobre los escombros hasta llegar a la escalera, estaba todo tan oscuro que realmente era un milagro que no se tropezara; comenzó a subir por la escalera, sosteniéndose de la baranda para no caerse, hasta que llegó al extremo superior, no veía absolutamente nada, caminó a ciegas palpando la pared, por lo que parecía ser un pasillo, era realmente una locura estar allí pero algo la llamaba, indicándole el camino; después de caminar cerca de quince minutos sobre escombros, comenzó a vislumbrar luz a lo lejos, como si se tratara de la salida de una cueva.
         Se dirigió hacia allí lo más rápido que le fue posible, no sabía con qué iba a encontrarse pero algo le decía que no llegaría a ningún lugar conocido y que había sido realmente un error descender del tren en esa estación en ruinas, sin embargo, estaba respondiendo a la llamada, era imposible resistirse y de todas maneras ya estaba allí, no había marcha atrás.
         Cuando llegó al exterior de esa especie de pasillo se encontró con la claridad de un día soleado y no podía entender por qué no se había dado cuenta antes de salir, había visto la luz pero no parecía la luz del exterior, mientras caminaba hacia allí tenía toda la impresión de estar dirigiéndose a un lugar iluminado por luz eléctrica, sin embargo, al pisar el exterior, la luz del sol no la reconfortó en absoluto; miró a su alrededor y el corazón le dio un vuelco al ver que se encontraba rodeada de edificios en ruinas, el mundo como lo conocía no tenía ni la más remota comparación con lo que estaba viendo, la desolación era espantosa, todo estaba en ruinas, todo absolutamente destruido y las ruinas se extendían más allá de lo que podían ver sus ojos; sin poder salir de su asombro, la invadió la desesperación cuando dio media vuelta para regresar sobre sus pasos y vio que el lugar por donde había llegado había desaparecido.
         Se obligó a tranquilizarse, sin mucho éxito, y comenzó a caminar, no había lugar adonde ir pero algo continuaba llamándola y tenía que llegar a la fuente del llamado, era la única forma de descubrir, o al menos intentar descubrir, lo que estaba sucediendo.
         Caminó durante horas, no pudo precisar cuántas exactamente, ya que su reloj se había detenido quién sabe cuándo; el sol se puso, cayó la noche y repentinamente la llamada se detuvo; se encontraba en medio de una cantidad extraordinaria de edificios en ruinas, algunos, aún estaban en pie pero parecían a medio construir, como tanta cantidad de obras que se dejan abandonadas durante años hasta que alguien decide comprar el terreno y demoler el edificio.  
         Era de noche y no veía prácticamente nada; de alguna manera, la insistente llamada que sentía la reconfortaba, porque sólo podía significar que realmente había donde ir pero ahora la llamada la había abandonado y ella no sabía que hacer, hasta que vislumbró, no muy lejos de donde se encontraba, dos haces de luz que se acercaban hacia ella y parecían provenir de linternas; comenzó a caminar hacia allí hasta que las luces le molestaron la vista, entornó los ojos y colocó una mano sobre estos para intentar ver a las personas que se dirigían hacia ella, cuando se acercaron lo suficiente, Ariana distinguió que se trataba de un joven y una muchacha de aproximadamente su misma edad.
         –Hola– Dijo el joven, visiblemente nervioso. –Mi nombre es Ramiro y ella es Valeria.–
         –Hola– Contestó ella, frunciendo el ceño. –Yo soy Ariana ¿Podrían explicarme dónde estamos? Me siento realmente confundida.–   
         –Y no es para menos– Dijo Valeria. –Cuando nosotros llegamos nos sentíamos igual.–
         –Discúlpanos por favor– Dijo Ramiro. –Se supone que debemos explicarte todo para que tengas una idea básica al llegar y para que no te sientas tan confundida y desorientada, lo que sucede es que esta es la primera vez que nos envían a buscar a alguien nuevo, estamos algo nerviosos.–
         –Mejor comencemos a caminar mientras te contamos.– Dijo Valeria mientras examinaba su rostro detenidamente, lo que lograba incomodar a Ariana.
         –¿Adónde vamos?– Preguntó ella, sin poder esperar a que se lo dijeran cuando finalizaran con todos los preámbulos.
         –Donde están todos, por supuesto.– Contestó Valeria, como si fuera evidente.
         –¿Qué clase de respuesta es esa?– Comenzó a decir Ramiro, codeando a su compañera. –¿No te das cuenta que ella no entiende nada de lo que está sucediendo?–
         –Tienes razón, lo lamento Ariana.–
         –Sí ya lo sé, es la primera vez que los envían a buscar a alguien nuevo pero ¿quiénes son ustedes?–
         –Ya te lo dijimos, somos Valeria y Ramiro, venimos del mismo lugar del que tú vienes, o al menos de ahí vinieron todos antes que tú.–
         –¿Te refieres a la estación Alberti abandonada del subte de la línea A?–
         –No– Dijo Ramiro. –Todos venimos del mundo real, donde no todo está en ruinas como aquí, sin embargo, todos nacimos aquí y por eso vinimos.–
         –No entiendo.– Dijo Ariana, frunciendo el ceño.
         –Nadie sabe a ciencia cierta qué es este lugar, es inmenso y jamás nadie supo dónde quedaban sus límites; se han creado diversas teorías pero no se ha podido comprobar ninguna, lo cierto es que todos los que estamos aquí hemos formado una especie de sociedad y hacemos lo que podemos para vivir de la mejor manera posible, no es tan malo, tenemos todo lo que necesitamos, ya te acostumbrarás.–
         –¿Y si quiero regresar adonde pertenezco?–
         –Perteneces a aquí– Dijo Valeria. –Además, no podrás marcharte aunque quieras, hay una sola puerta hacia el mundo real y sólo está abierta para los niños recién nacidos, cuando cumplen un mes de vida la puerta se cierra y sólo los que nacieron aquí pueden regresar.–
         –Pero yo no he nacido en este lugar y sin embargo estoy aquí.–
         –Debiste nacer aquí, no hay otra explicación por la que hayas venido. Escuchaste la llamada ¿No es cierto? Todos nosotros escuchamos las llamadas, existen infinita cantidad de puertas para venir hacia aquí, puertas, que como ya te dijimos, se abren sólo para los que nacimos en este lugar, nadie más puede venir.–
         –Eso no es posible, mis padres viven en el lugar de donde yo vengo, es imposible que yo haya nacido aquí y que mis padres ahora estén allá, si según ustedes sólo los recién nacidos pueden abandonar este... mundo.–
         –Lamento mucho tener que ser yo quien te de esta noticia– Dijo Ramiro. –Pero quienes crees que son tus padres no lo son, ellos te adoptaron, como les sucedió a todos los de los nuestros que en el otro mundo tuvieron una familia.–
         Ariana se entristeció por la noticia.
         –¿No volveré a ver a nadie del lugar de donde vengo?– Preguntó.
         –Me temo que no– Contestó Valeria. –Salvo que alguno de ellos haya nacido aquí también.–
         –¿Mis padres biológicos están en este mundo? ¿Podré conocerlos?–
         –Quizás los conozcas– Comenzó a decir Ramiro. –Sin embargo, sólo hay una forma de que sepas quienes son, te hablaré de eso más adelante; el tiempo aquí transcurre de manera diferente que en el mundo real y cuando un bebé cruza el portal hacia allí no hay manera de saber cuándo llegará, en que año vivirá su vida normal; por ejemplo, yo nací en el año 1961 según mis documentos del mundo real, ella en el dos mil cuatro y hay algunos que vivieron en el otro mundo en épocas mucho anteriores o posteriores, tus padres podrían no existir aún o haber muerto hace cientos de años.–
         –Eso es terrible– Dijo Ariana, sin poder creer nada de lo que escuchaba. –Entonces ¿Ninguno de ustedes tiene familia aquí?–
         –En realidad sí, hay quienes tienen cierta semejanza genética entre ellos, lo que significa que están emparentados de alguna manera; todos los que nacemos aquí tenemos una marca de nacimiento que es común a todos los que tienen la misma sangre, tú quizás la tengas, así sabrías a qué familia perteneces.–
         –¿Puedo hacerte una pregunta?– Dijo Valeria, parecía ansiosa.
         –Sí, claro.– Contestó Ariana.
         –¿De casualidad tienes una pequeña marca circular  en el omoplato?–
         –Una igual a ésta.– Dijo Ramiro, sacándose el abrigo y bajándose la remera hasta la base superior del omoplato derecho.
         Valeria alumbró con la linterna para que Ariana pudiera ver la marca de nacimiento.
         –Yo tengo una igual– Dijo Valeria. –Ramiro y yo pertenecemos a la misma familia, veo rasgos conocidos en tu rostro, creo que podrías ser de los nuestros. Y bien ¿Tienes esa marca de nacimiento?–
         –Sí– Dijo ella. –Es exactamente igual.–
         –Me alegra oírte decir eso, la verdad es que nosotros somos bastante pocos en nuestra familia, yo era la única mujer hasta ahora, seguramente nos llevaremos bien.–
         –¿Cómo sabían que yo vendría?–
         –En realidad no sabíamos quién vendría, generalmente alguien nuevo viene al poco tiempo de que un bebé cruza la puerta hacia allí, un bebé debe cruzar para que alguien nuevo venga, sin embargo, no imaginamos que serías de nuestra familia, al menos no hasta que te vimos.–
         –Ya estamos a punto de llegar– Dijo Ramiro. –Será mejor que hables con Darthen, él es nuestro líder, es quien ha pasado aquí más tiempo, él sabrá explicarte todo mucho mejor que nosotros.–
         –Hemos llegado– Dijo Valeria en cuanto se detuvieron frente a una especie de cueva. –Ten cuidado porque hay una escalera.– Dijo, alumbrando hacia abajo.
         Los tres jóvenes comenzaron a descender hasta que llegaron a un descanso, había un pasillo a los costados y la escalera continuaba hacia abajo.
         –Tendremos que ir por aquí.– Dijo Ramiro, señalando a la derecha.
         Acto seguido, sacó una caja de fósforos de su bolsillo y encendió con él un farol que se encontraba en la pared, caminó unos pasos más y encendió otro, luego otro y luego otro.
         Continuaron avanzando los tres y de vez en cuando, al disminuir la luz, Ramiro encendía otro farol.
         Ariana miraba todo sorprendida; por donde ahora caminaban era tan diferente al exterior, ahí sí parecía haber rastro de seres humanos, excepto por la falta de luz eléctrica, todo parecía tan sofisticado como en “el mundo real”, como decían esos dos que ahora aparentaban ser sus parientes; todo parecía haber sido construido por manos humanas, no veía mucho ya que estaba acostumbrada a la luz eléctrica y los faroles no estaban tan cerca el uno del otro como para iluminar demasiado, sin embargo, podía notar que se trataba de paredes pintadas, de cemento.
         –¿Por qué aquí abajo es tan diferente de allí arriba?– Preguntó.
         –Porque es en el único lugar donde podemos construir algo que no se derrumbe al día siguiente– Dijo Ramiro. –La razón es desconocida para nosotros.–
         –¿Quieres decir que todo lo que está afuera en ruinas alguna vez fue construido por ustedes?–
         –No, en realidad creemos que de alguna manera, todo lo que se derrumba en el mundo real aparece en nuestro mundo.–
         –Pero de donde yo vengo hay montones de edificios en ruinas, no desaparecen para aparecer aquí.–
         –Es algo complicado– Dijo Valeria. –De alguna manera, digamos que cuando algo se derrumba en aquel mundo, se proyecta en el nuestro y pasa a ser parte de él; dicen que en el pasado han intentado construir allí en el exterior pero fue imposible, todo se derrumbaba, sólo fue posible construir bajo tierra, ignoramos el motivo, la superficie de este mundo está destinada a permanecer en ruinas y ya nos hemos resignado a eso.–
         –Es por aquí.– Dijo Ramiro cuando llegaron a una escalera que iba hacia abajo.
         Continuaron caminando por un pasillo con puertas a ambos lados.
         –Esta es la habitación de Darthen– Dijo Valeria. –Veremos si se encuentra aquí y si puede hablar contigo ahora.
         Acto seguido, golpeó y un hombre de unos cuarenta años los recibió.
         –Darthen, hemos regresado con alguien nuevo y parece que es de nuestra familia.– Dijo Ramiro, sonriendo.
         –Bien– Dijo el hombre, sonriendo al igual que él. –Han tardado más de lo debido pero lo han hecho bien. Dime ¿Cuál es tu nombre?–
         –Ariana.– Contestó ella.
         –Mi nombre es Darthen y me encargo de liderar a estas personas. Vamos, ya deben estar por servir la cena, imagino que tendrás hambre.–
         –Así es, no he comido en todo el día.– Contestó ella.
         Comenzaron a caminar los cuatro por esos túneles y escaleras, ahora sí iluminados con luz eléctrica.
         –Dime ¿Qué edad tienes?– Le preguntó Darthen.
         –Tengo veintitrés años.– Contestó ella.
         –Yo creí que eras menor– Dijo Valeria. –Generalmente contestan la llamada antes; cuando llegué yo tenía dieciocho años, ya hace dos años de eso.–
         –Es verdad– Dijo Darthen. –Generalmente contestan la llamada mucho antes, te has resistido durante mucho tiempo ¿No es cierto?–
         –Eso creo, por más de un año he sentido que algo me llamaba cada vez que pasaba por el lugar que me trajo aquí.–
         –Eres fuerte, sin embargo, dudo que hubieras podido resistirte mucho más, si no hubieras contestado la llamada, hubiera sido cada vez más intensa y la hubieras terminado contestando, simplemente porque no sabías qué te esperaba aquí, porque ciertamente es mejor aquel mundo que este, al menos nuestros bebés pueden cruzar la puerta, tienen el derecho de saber cómo es aquel mundo y vivir en él el tiempo que puedan.–
         –No me parece que sea así– Dijo ella, frunciendo el ceño. –Lo mejor para un niño es estar con sus padres, no importa donde sea; acabo de enterarme de que soy adoptada y mis verdaderos padres lograron que yo creyera que todo era perfecto en mi vida cuando en realidad esa ni siquiera era mi vida ¿De qué sirve que haya vivido durante veintitrés años en aquel mundo si ahora tuve que regresar a éste? ¿No les parece que hubiera sido mejor para cualquiera de nosotros vivir aquí, adaptarnos desde el principio? No creo que este lugar sea tan malo después de todo.
         –Eso quizás sea cierto pero no podemos hacer nada para cambiar las cosas, no sabemos cómo empezó todo esto ni cuál fue el primer bebé que cruzó hacia allí, pero un bebé tiene que cruzar la puerta para que alguien que nació aquí regrese, si eso no sucede, los que tendrían que regresar seguirían escuchando la llamada durante toda su vida y no podrían contestarla; no todos son como tú, no todos soportan más de un año antes de contestar la llamada, imagínate lo que sería soportarlo toda la vida; además, el tiempo aquí transcurre de manera diferente que en el mundo real, es posible que el mismo bebé que se marcha le abra la puerta a su misma persona del futuro; no queremos ni imaginar lo que sucedería si dejamos de enviar a los niños recién nacidos hacia allí.–
         –No sé que decir, todo esto es tan extraño, tengo la impresión de que estoy en un sueño y despertaré en cualquier momento, pero por otro lado, siento que finalmente estoy en casa, desde siempre me he sentido extraña allí, como si fuera diferente.–
         –Y lo eres– Dijo Darthen sonriendo. –Dime ¿Qué hacías en el otro mundo? Lo que sea que hicieras puede ser útil aquí, por supuesto que si no te agradaba tu tarea podrás desempeñar otra.–
         –Era estudiante de medicina, estaba en cuarto año de la carrera y me era imposible trabajar, además, afortunadamente no lo necesitaba.–
         –Estudiante de medicina ¿Y tienes algo de experiencia?–
         –Realizaba practicas hospitalarias una vez por semana, desde el tercer año.–
         –¿Y en que año estaban allí cuando te marchaste?–
         –El día que me marché era veinticuatro de abril del año mil novecientos noventa y nueve.–
         –La medicina estaba realmente avanzada en esa época, tenemos un doctor aquí pero se marchó del otro mundo en mil novecientos cincuenta y ocho, él podría enseñarte lo que tú no sabes y tú podrías asesorarlo en técnicas nuevas; realmente serías muy útil.–
         –Me alegra escucharlo, me encanta practicar la medicina.–
         –Bien, hemos llegado, aún no se ha servido la cena pero podrán presentarte a los miembros de tu familia.– Dijo Darthen, entristeciéndose de repente. –Ahora, si me permites, tengo cosas que hacer, puedes venir a verme cuando quieras por cualquier duda que tengas.–
         –Está bien, gracias.– Dijo Ariana y se quedó con Ramiro y Valeria.
–Ven– Dijo la muchacha. –Te presentaré al resto de los miembros de la familia, no somos muchos, varios se han ido en los últimos años y otros tantos han fallecido.–
–¿Se han ido? ¿Adónde?–
–No lo sabemos– Dijo Ramiro. –Todos los que viven aquí se marchan cuando cumplen cincuenta años, atraviesan una puerta, ignoramos hacia donde los lleva; por eso Darthen está tan preocupado, faltan dos años para su partida y aún no han regresado sus hijos del mundo real, alguno de ellos debería quedar en su cargo cuando él se marche.–
–¿Y cómo piensa reconocer a sus hijos? Hay muchos con la misma marca de nacimiento ¿No es cierto? De esa forma se sabe a qué familia pertenecen.–
–Es que cada uno tiene la marca de ambos padres, el problema es que quizás una de sus familias o quizás las dos, pueden haberse extinguido cuando llega aquí y cuando la familia se extingue aquí, la marca de nacimiento en los que aún están en el otro mundo desaparece.–
–¿Eso significa que si yo tuviera dos marcas de nacimiento correspondientes a dos familias de este mundo, podría saber quiénes son mis padres?–
–Exacto, es la única manera de saberlo, por eso te entregaremos una lista de las marcas de nacimiento de cada una de las familias para que veas si identificas alguna ¿No recuerdas haber tenido una marca que desapareció de repente?–
–No– Dijo ella, dudando. –¿Qué sucederá si los hijos de Darthen no regresan antes de que él se marche?–
–Nos quedaríamos sin líder, su familia nos ha guiado desde siempre y él es el único de los que quedan aquí, si se marcha y sus hijos no han regresado, o al menos alguien de su familia, sea quien fuere, entonces su familia se extinguirá, la marca de los líderes desaparecería.–
–¿Y la madre de sus hijos?–
–Ella pertenecía a nuestra familia, falleció hace años, poco después de que sus hijos cruzaran la puerta hacia el mundo real, él quedó destrozado según lo que nos han contado pero parece que ya lo ha superado; estoy segura que albergó la esperanza de que fueras su hija cuando le dijimos que pertenecías a nuestra familia pero al ver tu mano derecha se dio cuenta que no tenías su marca.–
Ariana frunció el ceño, lo de la marca en la mano derecha le parecía extrañamente familiar pero ella no tenía esa marca, lo más probable era que en el otro mundo hubiera conocido a alguien que la tuviera, probablemente a uno de los hijos de Darthen, pero no podía recordarlo.
Al día siguiente Ariana presenció la partida de un bebé de menos de un mes de vida.
–No deberían irse solos– Le dijo Darthen en cuanto la madre del niño lo dejó en el cuarto de la puerta. –Mis hijos eran mellizos, un niño y una niña, al menos partieron juntos, espero que hayan estado juntos durante toda su vida.–
Ella lo miró sin saber qué decir.
–Hoy llegará alguien nuevo ¿No es cierto?– Le dijo, cambiando de tema.
–Así es.–
–Quiero ser yo quien vaya a buscarlo.–
–Pero has llegado ayer, no estás lista para ir a recibir a alguien nuevo.–
–Es que yo siento que debo ir en su búsqueda, es como si esa persona me llamara, puedo ir con alguien que conozca la superficie y que me guíe.–
–¿Estás segura?– Preguntó Darthen, mirándola fijamente.
–Me temo que sí.– Dijo ella.
–Entonces iré contigo ¿Quién mejor para guiarte que yo?–
–¿Cuándo debemos partir?– Preguntó ella, entusiasmada.
–En unas horas, digamos que después del almuerzo.–
–Bien, ya he conocido al médico y puedo ayudarlo a identificar ciertos medicamentos que han sido encontrados en el exterior.–
–No pierdas tiempo entonces, ve a verlo, seguramente estaremos varias horas afuera y tendrá que prescindir de tus muy necesarios servicios.–
Ariana asintió con un movimiento de cabeza y se dirigió a ver al único médico que existía en aquel mundo; era un hombre de unos treinta años, experto en medicina clínica que había entrenado a varias personas para que desempeñaran la tarea de enfermeros y lo ayudaran con los casos simples que eran los más comunes y abundantes; el hombre había leído libros de medicina que habían sido encontrados en el exterior, provenientes de años más avanzados del que había llegado él pero le resultaba algo difícil instruirse por sí solo en la actualización de algunos de sus conocimientos, ahí estaba la principal tarea de Ariana, aunque no era la única, desde luego; en el momento en que habló con el médico éste la asumió como recibida a pesar de que ella le dijo que era estudiante en el otro mundo; todos llegaban muy jóvenes a ese mundo, Ariana era una de las que había contestado la llamada más tarde y por supuesto que era realmente imposible encontrar médicos de dieciocho años de edad, por lo que los conocimientos que ella tenía sobre medicina en aquel mundo la catalogaban como doctora, ciertamente no le costaría demasiado acostumbrarse.
Para la hora del almuerzo la mayoría de la gente ya se había enterado de que Darthen iría con la nueva doctora a buscar a la persona que llegaría ese día, todos se sorprendieron muchísimo ya que hacía años que Darthen no iba él mismo en la búsqueda de alguien ¿Acaso tenía cierta preferencia por esa chica?
Después de almorzar Darthen y Ariana salieron a la superficie.
–Iremos hacia el oeste– Dijo Darthen en cuanto estuvieron fuera. –Todos llegan en esa dirección; Valeria y Ramiro se desviaron un poco del camino, es por eso que te encontraron tan tarde.–
–¿Por qué siento que debo ir hacia la persona que llegará hoy? ¿Por qué algo me llama?–
–Sinceramente no lo sé y por eso quiero ir contigo, por eso y para guiarte; aquí las llamadas tienen muchísimo sentido, ellas nos traen aquí y nos llevan hacia otras personas que deben significar algo para nosotros.–
–Entonces hice bien en venir, a pesar de mi experiencia nula.–
–Eso creo– Dijo Darthen. –Dime ¿Ya sabes cuál es la otra familia a la que perteneces? ¿Has identificado alguna de las marcas de la lista?–
–No– Dijo ella. –La única marca de nacimiento que tengo y coincide con las descriptas en la lista que me han enseñado, es la de mi omoplato.–
–Es una lástima que no puedas saber quiénes son tus padres, yo tampoco lo supe cuando llegué porque sólo tenía una marca.–
–La marca de los líderes ¿No es cierto?–
–Así es y ahora soy el único que la tiene, en menos de dos años deberé marcharme y no sé que sucederá si esa marca desaparece.–
–Me han contado algo de eso y estoy segura de que debe existir alguien apto para liderarnos aunque esa persona no tenga la marca de los líderes.–
–Es posible pero todo tiene su razón de ser aquí y espero que no tengamos la oportunidad de probar si esa es una excepción.–
Continuaron caminando, siempre hacia el oeste y hablando de diversos temas, no había pasado ni una hora cuando Ariana se detuvo por un momento y luego comenzó a caminar a mayor velocidad.
–Acaba de cruzar la puerta– Dijo entusiasmada. –Ya está aquí, debo saber quién es, tenemos que apresurarnos.–
Darthen sintió que un escalofrío le recorrió todo el cuerpo al caer en la cuenta de que Ariana le recordaba muchísimo a su esposa, tenía rasgos muy similares en el rostro y una forma de ser muy parecida; caminó siempre a su lado, apresurándose tanto como lo hacía ella, intentando desterrar esas ideas de su mente, después de todo, la joven tenía la marca de su esposa y no era nada extraño que se parecieran, sin embargo, él ya se lo había dicho antes a Ariana, todo tenía su razón de ser en ese mundo y a pesar de toda la experiencia que tenía después de haber vivido allí durante treinta años, no se dio cuenta que había recibido una señal, algo de Ariana lo llamaba, algo muy similar a lo que a ella le llamaba de la persona nueva que estaban buscando.
A cada momento que pasaba Ariana apretaba más el paso y Darthen la acompañaba siempre a su lado, ni un paso más adelante ni uno más atrás; hasta que finalmente vieron que una figura humana se acercaba a ellos desde lejos.
El corazón de Ariana comenzó a latir a toda velocidad, era imperioso descubrir la identidad de la persona que caminaba hacia ellos; corrió hacia allí y se sorprendió en extremo al ver al joven que la había observado desde el vagón de subte cuando ella estaba en la estación fantasma.
–¿Quién eres?– Le preguntó.
–¿Tú fuiste quién decidió olvidar y ahora me preguntas quién soy?–
–No comprendo lo que dices ¿Qué te he hecho yo para que me trates de esa manera? Si ni siquiera te conozco.–
–Claro que me conoces pero decidiste olvidarme, decidiste olvidarte de todo ¿Por qué tuviste que llegar aquí antes que yo? Te juro que cuando te vi en aquella estación de subte no pude creerlo ¿Por qué la puerta se abrió para ti si tú rechazaste a este mundo?–
–¿Qué quieres decir?– Preguntó Darthen y se quedó petrificado al ver que el joven tenía la misma marca que él en la mano.
–Sé lo que estás pensando– Dijo el joven, sonriendo. –Tengo la marca de los líderes y no es la única, también tengo una marca en el omoplato igual a la que debe tener ella.–
–Entonces...–
–Sí, soy tu hijo y me siento realmente muy feliz de estar donde pertenezco, siento haberme comportado de esa manera, es que no puedo verla a ella aquí, ha decidido traicionarnos y no puedo perdonárselo.–
–¿De qué estás hablando?– Preguntó Ariana, frunciendo el ceño. –Yo ni siquiera te conozco.–
–¿No me conoces? Estoy seguro de que recordarás algo en cuanto te cuente de un sueño que tuve hace unos años, un sueño que tuvimos en común y fue lo que nos separó.–
–No te comprendo.–
–Tú debes tener una hermana– Dijo Darthen, para cambiar de tema. –¿Conoces a tu hermana? ¿Conoces a mi hija?–
–Por supuesto que la conozco pero nos ha traicionado, ha renunciado a ser mi hermana y ha renunciado a ser tu hija. Conozco tus preocupaciones padre, desde que tuve aquel sueño he estado en ambos mundos, aunque no como quisiera, sé que pertenezco a aquí pero sólo podía estar en mis sueños.–
–¿De qué estás hablando?– Preguntó Ariana algo asustada por la mirada de resentimiento con que la miraba ese joven que le resultaba tan familiar. –Dime de dónde te conozco.–
Él la ignoró y continuó dirigiéndose a Darthen.
–Tuve el sueño cuando tenía diecisiete años, en él conocí a mi hermana; un hombre extraño, sombrío de alguna manera, nos contó quiénes éramos y de dónde veníamos, nos dijo que este mundo estaba destinado a desaparecer, para eso teníamos que olvidar quiénes éramos, teníamos que olvidar voluntariamente todo lo que él nos había contado y entonces la marca de los líderes desaparecería en nosotros, podríamos tener una vida completamente normal en el mundo real y nunca recordaríamos nuestra traición, jamás tendríamos que regresar a ese mundo en ruinas en el que nacimos; mi hermana aceptó, seguramente tenía una gran vida y un maravilloso futuro que no quería abandonar; ese hombre nos tentó con permanecer en aquel mundo al que nos envían al poco tiempo de nacer y al cual no pertenecemos, ella se dejó engañar y yo me negué rotundamente, no quería permitirme despertar hasta que no aceptara sus condiciones, mi hermana ya había despertado, su marca en la mano y todos los recuerdos del sueño desaparecieron; yo estuve en coma durante varios meses, luchando contra él para despertar; me dijo que dejara de luchar, que sólo juntos, mi hermana y yo, podríamos haberlo vencido pero ella me había abandonado y él sólo me permitiría despertar si yo aceptaba olvidar, mi marca sería borrada y nuestro mundo desaparecería, porque cuando tú, padre, te marcharas, ya no quedaría nadie más con esa marca, yo era el último porque él había logrado engañar a todos los demás, a todos los que tenían la marca de los líderes, incluyendo a mi hermana; me dijo que de todas maneras él vencería porque no me permitiría despertar y no podría contestar la llamada, estaba a punto de desistir cuando me pregunté por qué continuaba insistiendo para que me rindiera si podría dejarme inconsciente por siempre y entonces, sólo cuando ya no tuve ninguna duda de que no pensaba traicionar a mi mundo, ya no pudo mantenerme dormido. Mi hermana y todos los otros, los pertenecientes a nuestra familia de la marca de los líderes, aceptaron olvidar para quedarse en aquel mundo pero ya ven, fueron engañados, escucharon la llamada de todas maneras y la respondieron justamente porque habían olvidado adonde se dirigirían, lo sé porque mi hermana está aquí ¿Recuerdas algo ahora Ariana?–
–No, pero entiendo lo que insinúas, yo no puedo ser tu hermana, yo no los traicionaría– Dijo y miró a Darthen. –Jamás antepondría un capricho mío a las necesidades de todo un mundo.–
–Lo hiciste y tienes que admitirlo Ariana.– Dijo el joven, elevando la voz.
–¿Cómo te llamas, hijo?– Preguntó Darthen, colocándose en medio de ambos.            –¿Cuál es el nombre que te dieron allí?–
–Gabriel.– Dijo él, calmándose.
–Bien, escúchenme los dos, yo no te juzgo Ariana, no importa lo que hayas hecho, sé que no lo recuerdas pero yo sentí algo especial en ti desde el primer momento en que te vi y me recordaste mucho a mi esposa, ahora sé que eres mi hija, espero que no te desilusione la noticia; lo único que me importa es que finalmente mis hijos están conmigo, alguno de ustedes será el próximo líder.–
–Yo no quiero ser líder y tampoco lo merezco– Dijo Ariana y un nudo se formó en su garganta. –Lamento si los traicioné, lamento si opté por olvidar, aunque no lo recuerde les creo; ahora estoy aquí de todas maneras, aunque haya decidido olvidarlos y realmente quiero ayudar, quiero ser feliz y hacer feliz a otros; tú eres mi padre y no me desilusiona descubrirlo, tú deberías sentirte desilusionado de mí por haber decidido olvidarte pero me perdonas aunque ni siquiera me conozcas.–
–Eres mi hija ¿Cómo podría no perdonarte? No fue tu culpa sino la de aquel que se introdujo en tus sueños y en los de tantos otros para destruir nuestro mundo; además, harás mucho bien aquí como doctora, quién sabe si hubieras decidido estudiar una carrera como esa si no hubieras olvidado que no podrías terminarla.–
–¿Eres doctora?– Preguntó Gabriel frunciendo el ceño.
–Aquí lo soy, allí aún era estudiante.–
–Vaya, al menos el mundo real te sirvió de algo.–
–Sé que pretender que me perdones es demasiado pedir, sin embargo, espero que algún día lo hagas.–
–Te perdono porque tú misma te has perdonado– Dijo Gabriel, mirando la mano de su hermana. –De lo contrario, no hubiera regresado la marca.–
Ariana miró su mano y sonrió, efectivamente, la marca había regresado pero la sonrisa se esfumó de su rostro cuando volvió a levantar la vista y vio que su hermano se estaba desvaneciendo, su cuerpo se veía cada vez más traslúcido.
–¿Qué pasa?– Preguntó el joven. –¿Por qué me miran con esas caras?–
–Estás desapareciendo.– Dijo Darthen, asustado.
Él se miró las manos y dirigió una mirada resignada a su padre y hermana.
–Debe ser otro sueño y yo que creí que esta vez realmente había despertado, parecía todo tan real.–
Entonces desapareció y Ariana miró a su padre con expresión interrogativa.
–Nunca debe haber despertado del coma– Dijo él con mirada triste. –No debe haber podido vencerlo.–
–Pero yo lo vi en el vagón del subte.– Dijo ella, confundida.
–Debe haber sido otro de sus sueños, quizás deba aceptar olvidar para poder despertar y yo que creí que los había recuperado a los dos, vamos, regresemos hija.–
–¿Pero no debe cruzar alguien la puerta?–
–La puerta ya fue cruzada, tu hermano vino aquí en su sueño.–
–No te preocupes– Dijo Ariana, colocando una mano en el hombro de su padre.      –Alguna vez descubrirá que su única salida es olvidar y ese olvido lo traerá a nosotros.–
–¿Y si se olvida de quién es y su marca se desvanece para siempre? ¿Si debo marcharme antes de que él llegue y jamás se entera de que fui su padre?–
–Él me ayudó a recordar– Dijo Ariana, con una sonrisa esperanzada posada en su rostro. –Yo me encargaré de ayudarlo a recordar a él y si ya no estás aquí cuando él venga, yo le hablaré de ti y te recordará de sus sueños, te lo prometo padre.–
Darthen sonrió.
–Sé que lo harás hija, sé que lo harás.–


FIN.
                                                                        


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