Caminaba por
las calles, en medio de una oscuridad casi absoluta, sabía que debía llegar a
la casa antes de la medianoche pero ¿a qué casa? ¿y por qué? No lo sabía, no
sabía nada; sólo la imagen de un enorme reloj de péndulo con las agujas
corriendo lo obligaban a apresurarse.
Todo era
extraño para él, no reconocía nada y a la vez sabía que ya había caminado por
esas calles antes, muchas veces, probablemente a diario; una sensación extraña,
como si lo estuvieran observando, se sumó a sus temores anteriores pero no,
nadie lo observaba, nunca nadie lo observaba; entonces lo supo, no era la
primera vez que le sucedía algo así y nunca había llegado a tiempo; ni siquiera
tenía reloj para fijarse la hora pero sabía que la medianoche se acercaba y
sabía que si le preguntaba a alguna persona, ésta no le respondería porque la
gente nunca le había respondido, de alguna manera comenzaba a recordar pero
seguía sin saber hacia dónde debía dirigirse, sin embargo, si tan sólo
encontrara la casa seguramente la reconocería y el reloj..., aún no sabía qué
debía hacer con el reloj.
Entonces,
comenzó a sentir que se acercaba, se apresuró aún más, sabía que iba en
dirección correcta, por primera vez lo sabía y por primera vez se acercaba a la
casa lo suficiente como para llegar a tiempo; comenzó a correr, no podía
evitarlo, debía llegar, no soportaría seguir siempre con lo mismo y, entonces,
en una esquina, comenzó a escuchar las campanadas de un reloj; corrió hacia el
sonido y cuando vio la casa lo embargó una alegría que creía no haber
experimentado nunca, fue hacia la entrada y colocó una mano en el picaporte de
la puerta, entonces el reloj enmudeció, la última campanada se escuchó un
segundo antes de que girará el picaporte y la puerta estaba cerrada, otra vez;
la única llave eran las campanadas del reloj a medianoche y la había vuelto a
perder, tan cerca había estado en esta ocasión.
FIN
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