Creo que mi meta era encontrar algo diferente, salirme
un poco (más que un poco) de la rutina diaria que estaba apabullándome.
En realidad no tenía ninguna idea concreta, ni
siquiera algo que se pareciera a eso; ahora que lo pienso..., me parece que
buscaba algún cambio pero no un cambio perdurable, sólo algo que pasara y me
dejara la experiencia, por más vana que fuera.
Entonces salí de mi casa, no fui al colegio ni acudí a
la cita que tenía con mis amigos a la hora del almuerzo. Solamente caminé,
observándolo todo muy diferente a como solía hacerlo; caminé sin saber hacia
dónde iba; ni los puntos cardinales ni los nombres y numeraciones de las calles
estaban en mi línea de observación. Ni siquiera sabía cuál era mi objetivo; ya
lo dije antes, no quiero ser redundante, buscaba algo pero no sabía qué.
En ese momento, me crucé con un perro, no era de
ninguna de esas razas conocidas, que supongo competirán por premios; era un
perrito común; no me hubiera llamado la atención sino fuera porque llevaba una
cajita de madera en su boca; eso me pareció simpático pero tampoco me hubiera
sorprendido sino fuera porque se dirigió directamente a mí y soltó la cajita a
mis pies; luego me miró, ladró, movió su cola, hasta pareció que sonreía, se
volteó y se fue corriendo.
Sin pensarlo y totalmente ignorante de las
consecuencias, sin ni siquiera planteármelas un segundo; me agaché y tomé la
cajita.
Me sentí intrigada y con una necesidad imperiosa de
conocer su contenido; el mundo a mi alrededor se oscureció, metafóricamente
claro; con esto quiero decir que todo lo demás, mi mundo, en ese momento, tuvo
mucha menos importancia que esa minúscula cajita.
Enseguida traté de abrirla pero eso no parecía ser
posible; no tenía ninguna abertura a la vista.
Yo sabía que había algo en su interior así que me la
llevé a mi casa.
Traté de quemar la madera con un encendedor, de
cortarla con una sierra y hasta la estrellé contra el piso con todas mis
fuerzas pero nada funcionaba. Nada. Probé otros métodos que harían demasiado
largo mi relato si los describiera. Ninguno funcionó.
Esa noche soñé con la cajita, en el sueño la abría y
en su interior había un papelito; tenía algo escrito pero no podía leerlo, no
sé por qué.
Cuando me desperté al otro día, la cajita no estaba
donde yo la había dejado; pensé en buscarla pero por algún motivo supe que no
la encontraría, además ya no tenía demasiado sentido si el día que lograra
abrirla me iba a encontrar con un papelito cuyo contenido no iba a poder leer.
Me sentía frustrada.
No obstante, ya había pasado, había tenido la
experiencia nueva; eso era lo que yo había pedido, no había querido
comprenderla. El error había sido mío.
FIN
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