domingo, 3 de febrero de 2013

La Cajita (Cuento)


Creo que mi meta era encontrar algo diferente, salirme un poco (más que un poco) de la rutina diaria que estaba apabullándome.
En realidad no tenía ninguna idea concreta, ni siquiera algo que se pareciera a eso; ahora que lo pienso..., me parece que buscaba algún cambio pero no un cambio perdurable, sólo algo que pasara y me dejara la experiencia, por más vana que fuera.
Entonces salí de mi casa, no fui al colegio ni acudí a la cita que tenía con mis amigos a la hora del almuerzo. Solamente caminé, observándolo todo muy diferente a como solía hacerlo; caminé sin saber hacia dónde iba; ni los puntos cardinales ni los nombres y numeraciones de las calles estaban en mi línea de observación. Ni siquiera sabía cuál era mi objetivo; ya lo dije antes, no quiero ser redundante, buscaba algo pero no sabía qué.
En ese momento, me crucé con un perro, no era de ninguna de esas razas conocidas, que supongo competirán por premios; era un perrito común; no me hubiera llamado la atención sino fuera porque llevaba una cajita de madera en su boca; eso me pareció simpático pero tampoco me hubiera sorprendido sino fuera porque se dirigió directamente a mí y soltó la cajita a mis pies; luego me miró, ladró, movió su cola, hasta pareció que sonreía, se volteó y se fue corriendo.
Sin pensarlo y totalmente ignorante de las consecuencias, sin ni siquiera planteármelas un segundo; me agaché y tomé la cajita.
Me sentí intrigada y con una necesidad imperiosa de conocer su contenido; el mundo a mi alrededor se oscureció, metafóricamente claro; con esto quiero decir que todo lo demás, mi mundo, en ese momento, tuvo mucha menos importancia que esa minúscula cajita.
Enseguida traté de abrirla pero eso no parecía ser posible; no tenía ninguna abertura a la vista.
Yo sabía que había algo en su interior así que me la llevé a mi casa.
Traté de quemar la madera con un encendedor, de cortarla con una sierra y hasta la estrellé contra el piso con todas mis fuerzas pero nada funcionaba. Nada. Probé otros métodos que harían demasiado largo mi relato si los describiera. Ninguno funcionó.
Esa noche soñé con la cajita, en el sueño la abría y en su interior había un papelito; tenía algo escrito pero no podía leerlo, no sé por qué.
Cuando me desperté al otro día, la cajita no estaba donde yo la había dejado; pensé en buscarla pero por algún motivo supe que no la encontraría, además ya no tenía demasiado sentido si el día que lograra abrirla me iba a encontrar con un papelito cuyo contenido no iba a poder leer.
Me sentía frustrada.
No obstante, ya había pasado, había tenido la experiencia nueva; eso era lo que yo había pedido, no había querido comprenderla. El error había sido mío.

FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario